Adiestramiento en positivo 100%: ¿Existe la realidad sin experiencias negativas?
Ernest Belchi, Feb - 2008
Este artículo fue escrito como reflexión acerca del concepto “adiestramiento en positivo” acerca de diferentes posts publicados en el foro de AEEC (Asociación Española de Educadores Caninos), y es un tema que ciertamente genera encendidas polémicas. Es una argumentación de mi particular visión, tan respetable como las demás.
Primera Noble Verdad: La existencia del sufrimiento
Siddharta Gautama era un príncipe a quien su padre, el rey, le había protegido de todo sufrimiento
encerrado entre las paredes de palacio. Le concedió todos sus deseos, y le negó el conocimiento
del sufrimiento, el dolor, la vejez y la enfermedad. Un día salió de su irreal jaula en un descuido
de su padre, encontró a un hombre anciano y enfermo y no reconoció ese aspecto en su vida; le
vio morir y se encontró de golpe con ese sentimiento negativo de nuestra existencia, le vio sufrir, y
reconoció el sufrimiento como parte de nuestras enseñanzas vitales. Siddharta fue completo en
ese momento, no mientras su padre le había ofrecido una visión irreal del mundo y de lo que se
encontraría fuera de palacio. Siddharta entendió que esos aspectos negativos son parte de nuestra
existencia, queramos o no, nos guste o no… y supo darle la vuelta para llegar a la conclusión de
que eso era parte necesaria para poder continuar nuestro aprendizaje en la vida. Entendió que los
errores son una herramienta necesaria para evolucionar, que el sufrimiento es lo que nos aparta de
los caminos incorrectos, que la visión de la vejez y de la muerte nos enseña a cuidarnos mientras
podamos, y que las cosas malas que nos producen otras personas son una herramienta
potentísima para desarrollar nuestra compasión hacia los demás. No conocer esos aspectos es vivir
en una jaula con los barrotes de oro.
Sólo quiero argumentar que la vida son cosas positivas y negativas. Ello no es apología de la
brutalidad (no seamos básicos). Sólo la conclusión de que no puede existir el Ying sin el Yang…
que lo positivo existe porque hay algo negativo, y una cosa sin la otra es un hombre sin una
pierna. Sin ser apología del sufrimiento. Sólo que hay que aceptarlo porque es parte de la vida.
Sin que nos dé “barra libre” para inflingirlo. No saquemos las cosas de madre.
¿Alguien ha visto alguna vez un Yorkshire agresivo? Supongo que muchos de nosotros. En todos
ellos, hay una gran sobreprotección de los dueños (claro, es que sólo pesa dos kilos…) Es el
producto de lo que llamo “síndrome Siddharta”. Construirle al perro una existencia irreal en la
que no hay cabida al peligro de que nos suceda algo malo por nuestras acciones. Resultado:
comportamientos neuróticos que le producen mayor sufrimiento aún.
¿Alguien no sabe, acaso, los peligros que entraña sobreproteger a un hijo hasta el punto de que no
se le marquen límites y pueda hacer lo que quiera en todo momento? Lo convertiremos en un
tirano egoísta. Resultado: comportamientos neuróticos que le producen mayor sufrimiento.
¿Sabéis? Queramos o no, aunque intentemos apartar de nuestra existencia el sufrimiento, no
podremos. Antes o después aparecerá por algún sitio. Lo único que podemos hacer es que el
sufrimiento no sea mayor de lo necesario (o sea, el mínimo posible), y que tampoco sea arbitrario
ni compulsivo…que tenga un motivo argumentado para que nos ayude a mejorarnos (claro, que
sea positivo, no que su aparición no nos lleve a ningún sitio).
Conclusión: La negación de que en la vida hay experiencias y momentos buenos y malos
es no ser real. Es hacer el mismo error que el padre de Siddharta.
De todas formas, yo tengo un hijo de cinco años, y le voy a ahorrar todo el sufrimiento que pueda,
pero a veces, sé que el sufrimiento le va a enseñar a ser más fuerte en la vida, y lo que debe o no
debe hacer, le enseñará a ser correcto. Aunque me duela más que a él, debo enseñarle a afrontar
sus caminos y elegir la opción adecuada por dónde transitarlos.
Segunda Noble Verdad: La vida tiene sus propias normas, y somos más
monos de lo que creemos (o nos gustaria)…
Estaba estirado en la playa, tomando el sol, aburrido, y mirando el transitar de la gente.
Había un grupito de adolescentes (tipo “edad del pavo hormonado”) jugando al balón y se
acercaba caminando por la orilla una imponente joven aproximadamente de su edad. Entre ellos
se miraron y no necesitaron palabras para anunciar lo que se acercaba. Varios de ellos encogieron
su abdomen para sacar pecho y su posición corporal se estiró hacia arriba (cuadro de dominancia).
Uno (el más atrevido, el gracioso del grupo) persiguió unos metros a la chavala (ves a saber qué le
decía mientras tanto), provocando las risas del resto del grupo. Conclusión: El grupo se preparó
para el acontecimiento y el líder no podía dejar pasar la oportunidad de seguir manifestando que él
era el más cachondo (reafirmaba su liderazgo).
Fui a una fiesta en la que no conocía casi a nadie, y los que conocía, era de forma muy superficial.
Entre ellos, todos se conocían bastante. Era un grupo nuevo para mí en el que debía integrarme.
Si me analizo, estaba preocupado por si me miraban (de hecho me daba la impresión de que lo
hacían constantemente). Cuando hablaba, medía mis palabras, e intentaba ser un poquito más
simpático que el de al lado (intentaba ganar un estatus jerárquico en el grupo). Sacaron unos
canapés, y me di cuenta de una cierta competición entre los integrantes de la fiesta por agarrar los
más grandes (la manada se repartía la comida).
Conclusión: de una forma atávica, somos más jerárquicos de lo que creemos.
Podríamos dar innumerables ejemplos de cómo la jerarquía incide en el comportamiento social de
los humanos, existen extensos tratados de psicología humana sobre esto, no me lo invento yo, hay
multitud de escritos científicos avalando el tema.
Tercera Noble Verdad: El condicionamiento y los refuerzos marcan
nuestras vidas.
Creo que no hace falta hablar demasiado para entenderlo. Todos deberíamos estar de acuerdo.
Trabajamos para recibir el refuerzo positivo de cobrar a fin de mes, y el reconocimiento constante
de nuestro jefe es un estímulo puente que nos anticipa la llegada de la nómina. Damos amor para
recibir amor (no nos engañemos, no es sólo eso, pero hay una gran parte), Nos esforzamos en
aprender porque el profesor es suficientemente hábil para recompensar cada uno de los pasos que
damos (las buenas notas, por ejemplo), llamamos a Miguel para explicarle cómo vamos, porque él
nos anima a seguir con nuestras iniciativas vitales y las aprueba siempre. De la misma forma, no
hablamos por el móvil mientras conducimos porque nos multarían (refuerzo negativo), ni besamos
a la primera chica atractiva que vemos por la calle (por las consecuencias que traería), ni tampoco
nos quedamos con los enseres que vendemos en la tienda donde trabajamos. De hecho, los
refuerzos negativos nos enseñan qué teclas no debemos tocar, forman parte de nuestro
aprendizaje.
Conclusión: Sin menoscabo de comportamientos sociales variados, el condicionamiento
es la base de las normas que nos hacen mejores o peores, y el refuerzo negativo,
claramente, nos disuade de comportamientos incorrectos, de la misma forma que el
refuerzo positivo potencia los comportamientos correctos…
De nuevo, no existe el Ying sin el Yang.
Ahora bien… (Bueno… ya está bien!… hablemos de perros, no?)
Primera conclusión personal: Todo ser viviente está a expensas de sufrir experiencias
negativas, es intrínseco a la existencia vital y al aprendizaje (que nos mejora). Incluso
los perros.
Hablemos de extinción de comportamientos.
No, no confundamos, no estoy argumentando la presencia del castigo, aunque esta definición
pudiera ser usada para ello. Midamos el concepto “experiencia negativa”.
Dotemos al perro de la capacidad de decidir el camino correcto, la opción adecuada, y el derecho a
equivocarse y rectificar. Saber que entre las opciones A y B, una es la acertada y la otra no. Una
significa una experiencia positiva y la otra una experiencia negativa, hagámosle resolutivo. Ante la
elección correcta, la imprimación de ello en su memoria y comportamiento, es muy profunda y
perdura en el tiempo.
Pongamos ejemplos:
1.-Mi perro huele un puercoespín y se pincha en la nariz (el ejemplo más ilustrativo). Recibe
un refuerzo negativo (yo no le he inflingido un castigo) y aprende que “eso pincha”. Asocia su olor
(y multitud de otros elementos condicionantes) a su experiencia y eso le perdurará en el tiempo de
forma muy profunda (importantísimo).
2.-Un perro abre las puertas de casa y escapa. Un día encontró un pequeño petardo de niños
(modulación de la detonación: distancia del perro, potencia del detonante) atado con fino hilo entre
la puerta y el marco y al abrir sonó el ruido (existen unos petardos que cuando estiras de dos
hilos, detonan). El perro dejó de abrir puertas en una sesión (sin traumas ni castigos). Quizás
para alguien le he provocado un castigo. Para mí, he utilizado un aversivo de la forma correcta.
3.-Mi perro muerde la pata de la mesa. He aplicado con un pincel salsa de tabasco en ella, y
cuando él cogió la pata con su boca le repelió el sabor del picante, además de conocer la
frustración de esperar encontrar algo diferente a lo que encontró.
4.-Mi perro hace agujeros en el jardín. Le escondo pequeños globos en la tierra y los tapo. No
hace falta decir qué pasa cuando incide en el mismo agujero.
Quiero aclarar que éstas no son las soluciones que empleo en un programa de terapia de conducta
(estas medidas, por sí solas, no solucionan los problemas), son ejemplos ilustrativos de cómo se
aplica un aversivo sin intervención humana, para mejor comprensión de lo que quiero decir. No
nos olvidemos que “castigo” implica alguien que lo aplica.
No son las soluciones a estos problemas (por favor, no intente esto en casa), porque los problemas
de los puntos 2, 3 y 4 tiene de forma subyacente otros desarreglos, como posiblemente
hiperactividad, ansiedad por separación, aburrimiento y falta de ejercicio, u otros. No se pueden
dar “soluciones” sin analizar los problemas. Estoy abriendo debate sobre el uso de aversivos, pero
de una forma determinada. Y esto no es fácil ni sencillo de explicar en un artículo (estaría mucho
mejor un video). Y sé que los conceptos, en general, si no dejas espacio a que la vida te
sorprenda, pueden provocar eczemas y dolores de barriga a algunos/algunas.
Segunda conclusión personal: El perro mira la vida, sus normas sociales y la interacción
con los otros perros y las personas, desde los roles de la jerarquía.
Demonizamos conceptos “per se” (lo siento, me niego).
Me parece interesante la traducción que aportó Virginia Gallego de un artículo de Melissa Alexander (una
de mis profesionales favoritas) acerca de la jerarquía y las normas de la dominancia y la sumisión, y publicado en la web de AEEC.
Pero creo que cada uno podemos hacerle una lectura diferente.
En el artículo se expone claramente la negación de los beneficios de actitudes jerárquicas de
dominancia por sometimiento. Estoy totalmente de acuerdo.
Coincido en casi todo, pero creo que el punto de vista erróneo es: Hacernos los dominantes
“volteando a un perro”. Hay muchas otras actitudes dominantes que las encaradas a someter. De
nuevo confundimos términos.
Los ejercicios de potenciación del liderazgo (Leadership Exercicies) no son nada nuevo ni falto de
comprobación. Todo depende de la credibilidad que le demos al ponente.
De hecho, hay alguna parte de este artículo que explica el famoso “Método NELVEG (Nada En La
Vida Es Gratis)”. Los trabajos de Fenell (aunque me parece una escritora pesadísima) son
interesantes como “Leadersip Exercicies”. Los efectos beneficiosos de acciones como las que se
detallan en el Método Nelveg, promulga Jane Fenell o algunos conceptos de César Millán (aunque
no es santo de mi devoción, ni mucho menos), no creo que sean objeto de discusión, y en ninguno
de estos escritos o técnicas se habla de “voltear perros” (Millán aparte, que obliga
a la rendición, o sea somete, pero hablo de conceptos generales, muy en superficie). De todo lo que la vida pone al
alcance de nuestros oídos hay que saber elegir, si tenemos capacidad de hacerlo.
Entender al perro negando la dominancia y la jerarquía es quedarnos sin una parte del todo, es
una silla que cojea.
Lo que ocurre es que dominancia, sumisión, estructura de jerarquía, etc. Son conceptos que,
humanamente, solemos rechazar. Implican (nos implican) humillación, sobreposición de unos a
otros, estructuras sociales militares, conceptos que el hombre moderno rechaza… pero estamos
hablando de perros, y nos guste o no, el guión de la película no lo hemos confeccionado nosotros.
Hay diferencias entre “comportamientos dominantes” y “sometimiento”. Un amplio abanico de
diferencias.
Si yo llego a un bar y se me tiran diez tíos encima, amenazándome, vulnerando mi espacio mínimo
de seguridad, obligando a declararme el último de la fila (creo que algo así hacen los perros de mi
club cuando intento insertar un miembro nuevo en el grupo ya establecido), es posible que,
después de obrar como el más indefenso de los mortales, y convencerlos a todos de que no voy a
ser ningún tipo de competencia para ellos si no todo lo contrario, me vaya a mi casa y me tire dos
días llorando en un sillón con un grave complejo de inferioridad.
Cuando integro un nuevo miembro en el grupo, después que el “novato” realiza cuadros de
sumisión a “todo trapo”, se ponen a correr y a jugar juntos (no hay ningún trauma, ni humillación,
ni depresión, se acabaron los problemas). Los cuadros de sumisión y las normas sociales de la
jerarquía existen precisamente para eso, para que no haya conflictos ni peleas, y para que exista
un líder que proteja al resto, distribuya los recursos, y permita que el grupo se relaje confiando en
él (sea feliz). Somos los hombres los que nos sentimos humillados ante la claridad de estos roles.
Multitud de problemas de conducta tienen la raíz en una mala inserción jerárquica en la familia.
Multitud de acciones que desarrollamos cuando interactuamos con nuestros perros son entendidas
como una “cesión de liderazgo” sin que nos lo pidan (con las consiguientes consecuencias). Por
tanto, si he de ser sincero (repito que son consideraciones personales, claro) no puedo dejar de ver
al perro como un compendio de aspectos que (me guste o no) son inherentes a su conducta. Y
que podemos “tirar” de esos aspectos para ayudar a solucionar problemas complejos (Creo
recordar que Turid Rugaas recomienda realizar señales de calma para solucionar conflictos, y la
señales de calma es un aspecto comunicativo dentro de las normas sociales y de los problemas que
se pueden presentar en una interacción jerárquica). Espero haber expresado suficientes veces que
todo son consideraciones personales.
De alguna forma, todos estamos recibiendo los beneficios de la dominancia cuando trabajamos con
los perros según los parámetros del condicionamiento instrumental. Como dice Melissa Alexander
en el artículo que antes he mencionado, el liderazgo va relacionado con la distribución de los
recursos, y la recompensa apetitosa es un recurso distribuido a cambio de un trabajo atractivo (la
misma recompensa es lo que lo hace atractivo).
Pero (de nuevo consideraciones personales) el trabajo en sí mismo es un ejercicio de potenciación
de liderazgo. El entendimiento correcto (me refiero, que el perro abra canales claros de
comunicación con nosotros, como el compendio de “normas” del trabajo con el clicker), es un
ejercicio de liderazgo, realizar un trabajo dirigido por nosotros (el líder organiza las batidas de
caza, por ejemplo), sea pastoreo o competiciones de agility, es un ejercicio de liderazgo. Creo
firmemente que el que profundiza con el condicionamiento operante también hace aumentar su
valor jerárquico.
Entiendo el concepto de valor jerárquico como la cuenta del banco. Tenemos un saldo (un valor X)
y éste fluctúa según lo que pase entre el perro o nosotros. Dependiendo de cómo solucionemos las
situaciones que se nos presentan, aumenta o disminuye ese saldo.
Si potenciamos mediante el refuerzo según qué comportamientos (pero también actitudes o
emociones) no estamos exentos de no estar trabajando con la jerarquía también, sin menoscabo
de fijar los comportamientos que queremos que se repitan, sean los que sean.
Por tanto, conceptos como refuerzo y jerarquía no son excluyentes el uno del otro. De nuevo, lo
excluyente para mí es cualquiera de los dos, por separado, sin contemplarlos en conjunto.
Lo que sorprende, es que el perro sólo interacciona con los demás perros y con los humanos según
la jerarquía, no con otros animales. Es hecho curioso. ¿Creen que somos perros?
Todos (seguro) conocemos el concepto de imprinting.
La única explicación para ello es que el Tomarctus originario se hubiera acercado a los humanos en
un momento de “imprimación sensible”, creyéndose insertado en nuestra estructura social más de
lo que creemos (o de lo que él quisiera), y que ese aspecto se haya transmitido genéticamente
hasta nuestros días. Esa sería la explicación de que se sienta bien siendo organizado por nosotros
en su trabajo (que se sienta bien obedeciendo, por decirlo de alguna forma), que extienda sus
roles sociales a los humanos, que sea el único animal de compañía que depende estrechamente de
nosotros y nos necesita para sentirse completo. Que defienda nuestro grupo, nuestra casa y que
escale puestos en la “manada” familiar.
Pero creo que argumentar todo esto sería materia de otro artículo de opinión.









Me parece un estupendo artículo ya que coincido con Ernest en prácticamente todas sus reflexiones.
Realmente ha sido un placer leerte Ernest.
Un artículo muy interesante y didáctico.
Un saludo,
Rebeca
Excelente, estoy totalmente de acuerdo
Hola Ernest,
Estupendo tu artículo, y me sumo a que no hay que olvidar la naturaleza del perro al igual que no debemos olvidar la nuestra.
Considero como apuntas que los “leadership exercices” adecuados premian la serenidad y la calma, al igual que hacen los perros cuando introducimos a uno nuevo o se reencuentran.
Y totalmente de acuerdo a que una cosa es complementaria de la otra y que los refuerzos positivos no se contradicen con los “leaderhip exercices”
He leído en varios lugares: Ni tú eres un mono, ni él es un lobo.¡Evoluciona! ¡Educa en positivo!!!
Pues bien, para mi esa frase no es correcta y quedaría así:
Somos bastante monos y ellos bastante lobos, Educa en positivo!
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