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Entrenamiento con Clicker: Una aplicación práctica de la Teoría del Condicionamiento Operante
por Juan Sangüesa Massiel, 2005
RESUMEN
Por medio de este documento intentaremos explicar la aplicación práctica de una de las teorías del aprendizaje más conocidas, el condicionamiento operante. Esta aplicación es utilizada principalmente para el adiestramiento canino y el condicionamiento de otros animales. El marco teórico en el cual nos hemos situado emerge de la tradición conductista, que es la que mejor ha estudiado el comportamiento y el aprendizaje en los animales. Es por esto que hemos omitido deliberadamente otros puntos de vista igualmente válidos acerca de los fenómenos cognitivos involucrados en el aprendizaje de los seres humanos.
Palabras clave:
Aprendizaje, condicionamiento, operante, reforzamiento, programas, clicker, estímulo, respuesta.
ABSTRACT
In this paper, we will try to explain a practical use of one the most famous learning theories, operant conditioning. This technique is mainly applied for dog training and the conditioning of other animals as well. The theoretical corpus in which we have focused, stems from the old behaviorism, for this is the school that has made the best efforts in understanding the true nature of the learning processes of animals. This is why we have purposefully left out some other valid theories about the cognitive phenomena involved in human learning.
Key words:
Learning, conditioning, operant, reinforcement, programs, clicker, stimulus, response.
¿Qué es aprendizaje?
Durante años nos hemos estado preguntando acerca del aprendizaje en todas sus formas y hemos tratado de explicarlo a través de diversas teorías.
Una definición bastante aceptada, aunque engañosa por su simplicidad, es que se trata de un cambio en la conducta debido a la experiencia (Chance, 1995). Aquí podemos apreciar que tratamos con dos temas interrelacionados, los eventos del organismo (respuestas) y los eventos del ambiente (estímulos). La relación entre ambos tipos de eventos ha sido largamente discutida y analizada, además de sometida a experimentos de toda índole, los que han permitido el desarrollo de todo tipo de conceptualizaciones y aplicaciones prácticas.
Condicionamiento clásico
El destacado fisiólogo ruso y ganador del premio Nóbel, Ivan Petrovich Pavlov (1849-1936), se encontraba realizando experimentos acerca del rol de la salivación en la digestión, cuando se percató de que los perros de su laboratorio salivaban frente a estímulos distintos a la comida. Esto fue un hallazgo, ya que la salivación es un acto reflejo que ocurre espontáneamente frente a la presentación de comida, sin embargo, los perros de Pavlov empezaron a salivar frente a la sola presencia del asistente que les traía la comida. Acertadamente, Pavlov, teorizó que los perros habían aprendido a anticipar la comida luego de la aparición de ciertas señales y, gradualmente llegaron a asociar esas señales con la comida. De este modo, el reflejo (respuesta incondicionada) que normalmente ocurría frente a la comida (estímulo incondicionado), podía ser condicionado para que ocurriera frente a una señal (la visión del asistente) que predecía con seguridad la llegada de la comida. Así, un estímulo en principio neutral, al aparearse en forma sucesiva con el estímulo incondicionado, llegaría a transformarse en un estímulo condicionado, capaz de elicitar por si solo el reflejo, que en este caso pasaría a llamarse respuesta condicionada.
Pavlov llevó a cabo una investigación sistemática sobre los reflejos condicionados. Encontró que las respuestas condicionadas ocurrirían también ante estímulos similares al estímulo condicionado usado originalmente, a este fenómeno le llamó generalización. También se puede establecer como requisito que el animal realice una respuesta condicionada frente a un tipo específico de estímulo y no ante otros, lo que conocemos como discriminación.
Los descubrimientos experimentales de Pavlov acerca de los reflejos condicionados sirvieron como base conceptual para explicar algunos aspectos del comportamiento canino. En alguna medida esto fue beneficioso y útil; pero, sin embargo, también condujo a una visión un tanto mecanizada del perro. (Campbell, 1992)
Conexionismo
Edward Lee Thorndike (1874-1949) realizó una importante contribución al campo de la investigación acerca del aprendizaje. Durante su especialización en Psicología en Harvard, desarrolló una serie de experimentos con animales. Los más famosos los realizó con gatos, a los cuales encerraba –hambrientos- en “cajas problema”, las que sólo podían ser abiertas mediante dispositivos especiales ubicados al interior de las mismas (una polea, por ejemplo). La comida esperaba afuera, a la vista, pero fuera del alcance del gato. Thorndike observó que los gatos, en un comienzo, emitían toda clase de respuestas ineficientes, como tratar de salir masticando los barrotes de la jaula o tratar de empujar contra las barreras, hasta que, finalmente, llegaban por accidente a manipular el dispositivo, con lo que lograban escapar y comer. La siguiente vez que eran puestos a prueba, seguían una secuencia similar de comportamiento hasta llegar a la respuesta correcta, pero a medida que se repetía el experimento, los gatos demoraban cada vez menos en accionar la polea o palanca.
Thorndike propuso dos leyes de la conducta tanto animal como humana (Leahey, 1998). La primera fue la ley del efecto: “de las muchas respuestas dadas a la misma situación, las que van acompañadas o inmediatamente seguidas de satisfacción para el animal, en igualdad de condiciones, se conectarán más firmemente con la situación; de manera que cuando ésta vuelva a presentarse, volverán a presentarse con gran probabilidad”. La segunda ley es la del ejercicio: “Toda respuesta a una situación en igualdad de condiciones, se conectará más fuertemente a la situación en proporción al número de veces que ha sido conectada a esa situación, y al vigor y duración medio de las conexiones”. (Thorndike, 1911. cit. por Leahey, 1998)
Condicionamiento operante
A partir del trabajo de Thorndike, B.F. Skinner realizó, en la década de los 30, una serie de estudios que lograron un gran avance en nuestra comprensión de los procesos de la conducta y el aprendizaje. En su libro “The behavior of organisms” (1938) (La conducta de los organismos) resumió la mayoría de sus conceptos centrales (Leahey, 1998). Skinner diseñó una caja de experimentos conocida hoy como “la caja de Skinner”, elemento estándar en todo laboratorio conductual que se precie de tal. En esta caja, instaló una palanca que, al ser accionada por el sujeto (una rata o una paloma), permitía la aparición de un pellet (comida). Este procedimiento le permitió variar las condiciones en forma metódica y precisa para averiguar que sucedía en las distintas circunstancias. Al deprivar al animal de comida, llevándolo a un peso ligeramente inferior al normal, y poniéndolo en la caja, Skinner se dio cuenta que la tasa de presión de la palanca aumentaba significativamente. Si, por el contrario, al presionar la palanca el sujeto recibía un aversivo, la tasa disminuía rápidamente. Este procedimiento en el cual la conducta se fortalece o debilita fue llamado condicionamiento operante, pues se creía que la conducta opera sobre el ambiente. El comportamiento es típicamente instrumental al producir tales consecuencias, así que a esta clase de aprendizaje también se le llama condicionamiento instrumental (Chance, 1995).
“Una respuesta que ya se ha producido no puede, desde luego, predecirse o controlarse. Podemos predecir solamente que ciertas respuestas similares se producirán en el futuro. La unidad de una ciencia predictiva no es, por tanto, una respuesta sino una clase de respuesta. La palabra “operante” es la
que utilizaremos para designar esta clase. El término pone de relieve el hecho de que la conducta opera sobre el medio ambiente para producir consecuencias. Las consecuencias definen las propiedades por las que las respuestas se llaman similares. El término se utilizará tanto como adjetivo (conducta operante), cuanto como sustantivo para designar la conducta definida por una consecuencia dada.” (Skinner, 1953)
Reforzamiento
Aún cuando Skinner se interesó principalmente en los reforzadores positivos, aquellos que al ser presentados en contingencia con una respuesta hacían más probable la repetición de la misma, reconoció también la existencia de los reforzadores negativos. Los reforzadores negativos son estímulos aversivos, que el organismo trataría normalmente de evitar. Entonces, el refuerzo resultaría de la ocurrencia de un reforzador positivo, pero también de la terminación de un reforzador negativo. Un ejemplo sencillo es el del frío, actuando como reforzador negativo para la operante de ponerse un abrigo; otro ejemplo es el de un shock eléctrico sostenido, cuya terminación es evidentemente reforzante. Entonces, podemos reforzar una respuesta ya sea presentando un refuerzo positivo o eliminando uno negativo.
Es importante destacar que los reforzadores, tanto positivos como negativos, pueden ser condicionados. Si un estímulo neutro es presentado en contingencia con el reforzador positivo, ese estímulo llegará a adquirir por sí solo la capacidad para reforzar la conducta. Lo mismo vale para los refuerzos negativos.
Los reforzadores son relativos, no absolutos. La lluvia es un refuerzo positivo para los patos, negativo para los gatos e indiferente para las vacas. La comida no es un refuerzo si estás repleto. Para que sea reforzante, el ítem elegido tiene que ser algo que el sujeto quiere. (Pryor, 1984)
Extinción
Cuando se retira el reforzamiento a una respuesta operante, la frecuencia de la conducta disminuye gradualmente según el proceso de “extinción operante”. “Si dejamos de darle comida, la paloma dejará finalmente de levantar la cabeza. En general, cuando practicamos una conducta que ya “no vale la pena”, nos sentimos menos inclinados a comportarnos de esa manera” (Skinner, 1953). Existen varios efectos secundarios interesantes de la extinción. Uno de ellos es la variabilidad de la conducta, una rata que ha aprendido a presionar una palanca para obtener comida puede, durante la extinción, presionarla con más fuerza o utilizar su nariz en lugar de la pata, o emplear las dos patas en vez de una. (Chance, 1995). Otro resultado es un incremento inicial de la respuesta que se pretende extinguir, lo que trae aparejado –al no encontrar el refuerzo acostumbrado- una reacción emocional de frustración o ira. “Una paloma que no ha conseguido reforzamiento se aparta de la llave, piando, batiendo las alas y practicando otras conductas emocionales” (Skinner, 1953).
Se habla de recuperación espontánea cuando el organismo vuelve a emitir una operante que ya había sido extinguida, lo que puede ocurrir producto de varios factores, como por ejemplo el encontrarse nuevamente en una situación o contexto en que la respuesta había sido reforzada en el pasado.
Castigo
Con frecuencia tiende a confundirse el castigo con los reforzadores negativos. La diferencia fundamental estriba en que si los reforzadores lo son en tanto aumentan la probabilidad de que una respuesta operante se repita, el castigo hace justamente todo lo contrario: disminuye la probabilidad de que una operante sea emitida nuevamente.
Hablamos de castigo positivo -o tipo 1- cuando a una respuesta le sigue la aparición de un estímulo aversivo. Al igual que en el reforzamiento la palabra positivo sólo tiene el significado de presentación de la consecuencia; la palabra castigo entonces sería sinónimo de debilitador. (Davidoff, 1989) Si apoyamos las manos sobre una estufa encendida, nos quemaremos las manos y probablemente en el futuro evitaremos repetir esa acción. Entonces decimos que esa conducta ha sido castigada.
En el castigo negativo –o tipo 2- la respuesta es debilitada por medio de la posposición o retiro de un reforzador que la hubiera sucedido y que el organismo esperaba. Un ejemplo sería el retiro de los permisos de conducir a los conductores que cometen infracciones del tránsito (se les priva del privilegio de conducir su automóvil) o el retirar el postre de un niño que se ha portado mal durante el almuerzo familiar. En vista de que la conducta “tiene un precio”, a menudo se le llama al castigo tipo 2, costo de respuesta. (Chance, 1995)
En general, Skinner consideró al castigo como un método pobre de modificación de conducta por varias razones, entre ellas tal vez la más importante sería que el castigo trae aparejadas respuestas emocionales negativas indeseables y que pueden ser asociadas con estímulos diferentes a los que el castigador pretende, incluidos los estímulos del propio castigador.
Programas de reforzamiento
Existen variados programas de reforzamiento en el entrenamiento de respuestas operantes. Se puede reforzar una conducta cada vez que es emitida (reforzamiento continuo) o cada cierto número de veces (refuerzo intermitente). Este último puede ser regular, administrando el refuerzo después de un número fijo de repeticiones de la operante; o bien, puede ser variable e impredecible. Cada programa afecta a la conducta de una manera diferente, lo que hace que cada programa se preste mejor para determinados procesos específicos durante el aprendizaje y entrenamiento de las respuestas.
El reforzamiento continuo parece ser el mejor método para condicionar la conducta en las fases iniciales del aprendizaje, ya que cada reforzamiento fortalece la conducta y esto produce un aumento rápido en la tasa de respuestas. Sin embargo, en la naturaleza, los refuerzos en general no aparecen en forma continua. Un lobo, por ejemplo, no todas las veces que se lanza a la captura de una presa logra su cometido, pero no por esto abandona su hábito de cazador.
Programas de razón
Los programas de razón especifican que el reforzador debe ser administrado después de un número determinado de respuestas. Cuando este número de respuestas es siempre e invariablemente el mismo, hablamos de un programa de razón fija. Los animales que trabajan bajo un programa de razón fija responden con tasas bastante altas, ya que mientras más trabajen, más refuerzos obtendrán. Sin embargo se produce una pausa después de la administración del reforzador, un descanso antes de reanudar el trabajo.
En cambio, en un programa de razón variable, el reforzador será administrado después de un número variable de respuestas. El ejemplo clásico es el de las máquinas tragamonedas, en el que los jugadores nunca saben cuándo ganarán. Los animales que están bajo este programa trabajan bastante rápido y sin descanso. La incertidumbre de desconocer cuando llegará el próximo reforzador hace que el organismo trabaje de manera constante. (Davidoff, 1989) Este tipo de programa de razón variable es el que más encontramos e la naturaleza y en muchas de las situaciones sociales humanas; además presenta una resistencia alta frente a la extinción.
Programas de intervalo
Estos programas dependen del paso del tiempo. Para entregar el reforzador se debe esperar a que se cumplan dos condiciones; primero tiene que haber pasado un tiempo determinado desde la administración del último refuerzo y, segundo, la operante debe ser emitida después de que ha transcurrido el intervalo.
En los programas de intervalo fijo, los períodos de tiempo entre refuerzos son constantes, como por ejemplo en los trabajos asalariados, en que el sueldo es recibido todos los meses en la misma fecha.
Se ha observado que en este programa, la tasa de respuesta es desigual; después de la administración del refuerzo, la frecuencia de respuestas baja.
Después, aumenta en forma estable durante el intervalo y alcanza su máximo punto justo antes de la presentación del reforzamiento.
Control de estímulos
El control de estímulos se produce cuando se introduce un estímulo previo a la ocurrencia de la conducta operante y se refuerza sólo cuando este estímulo, llamado discriminativo, aparece. “Supongamos que entrenamos a una rata para presionar una palanca, reforzando sus presiones sólo cuando una luz se enciende por encima de la palanca. En poco tiempo, la rata llegará a presionar la palanca cuando la luz se encienda. Puede parecer que el estímulo luz provoca respuesta, pero según Skinner no es así. La luz señaliza la disponibilidad del reforzamiento, permite al organismo discriminar una situación de reforzamiento, de una situación de ausencia de reforzamiento, y, por tanto, este estímulo recibe el nombre de discriminativo.” (Leahey, 1998)
Conducta supersticiosa
La conducta supersticiosa se podría conceptualizar como una creencia falsa con respecto a causa y efecto. Esta situación puede surgir producto de la contingencia accidental entre una determinada respuesta operante y el reforzamiento.
Skinner realizó el siguiente experimento con palomas hambrientas; las puso en una caja de las que llevan su nombre, y proporcionó alimento cada 15 segundos sin importar lo que las palomas estuvieran haciendo. De este modo, se vieron condicionadas las más diversas respuestas. Algún ave que se encontraba dando vueltas aceleró esta actividad; otra incrementó mover la cabeza hacia delante; una mas, balancear el cuerpo. (Davidoff, 1989) Las palomas se comportaban como si creyeran que lo que estaban haciendo cuando se presentó la comida hubiera sido la causa de que esta se presentara.
Estas conductas supersticiosas resultaron ser bastante resistentes a la extinción. (Davidoff, 1989)
Algunas aplicaciones del condicionamiento operante
Nuevamente surge la figura de Skinner como uno de los pioneros en el intento de aplicar los principios del condicionamiento operante de una manera práctica y útil para la humanidad. En los años 50 intentó trasladar el conductismo hacia la conducta humana. Como escritor frustrado, Skinner estaba interesado en el lenguaje (Leahey, 1998), de manera que se abocó al estudio de la percepción del habla y el proceso del lenguaje. El resultado de sus investigaciones los expuso en varias conferencias en Harvard y, luego, en su libro Verbal Behavior (1957). También elaboró una utopía de sociedad perfecta, desarrollada a partir de los principios del reforzamiento, lo que decantó en la publicación de Walden II (1948). Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo la oportunidad de aplicar sus conocimientos acerca del condicionamiento en las palomas. Participó en el “Proyecto ORCON”, nombre derivado de “organic control”, en el que entrenó a las palomas para ayudar a guiar a los misiles hacia sus blancos. Afortunadamente para las palomas, el proyecto no se concretó, a pesar de que experimentalmente se demostró que era virtualmente a prueba de fallas.
Una de las aplicaciones más conocidas ha sido la de entrenar animales para películas y spots publicitarios. Los psicólogos Keller y Marian Breland (1961) (alumnos de Skinner), fueron pioneros en el arte de entrenar los más diversos animales para realizar todo tipo de trucos para su exhibición en ferias y cosas por el estilo. Ellos desarrollaron su trabajo en Animal Behavior Enterprises en Hot Springs, Arkansas, donde llegaron a adiestrar más de 6.000 criaturas de 38 especies diferentes. (Davidoff, 1989)
Jim Simmons, PhD, un científico de la marina, desarrolló a fines de los años 70 y comienzos de los 80, un sistema de condicionamiento para palomas de búsqueda y rescate desde helicópteros. (http://www.apa.org/monitor/oct02/pigeons.html/)
Adiestramiento con Clicker
El adiestramiento con clicker está considerado hoy en día como una verdadera revolución en el campo del manejo conductual canino. Su difusión ha sido verdaderamente espectacular, generando una gran aceptación entre los profesionales del comportamiento canino a través de todo el mundo. Su aplicación es sencilla y no requiere de un gran caudal de conocimientos para lograr resultados.
Los orígenes del entrenamiento con clicker se encuentran en el trabajo de los expertos entrenadores de delfines en los parques acuáticos en EE.UU.
Una de las pioneras en este tipo de trabajo fue Karen Pryor. Con una formación como bióloga y un gran interés en el comportamiento animal, se abocó a la tarea de aprender y aplicar las técnicas del condicionamiento operante en seres que simplemente no se podían entrenar con métodos convencionales.
En su libro “Don’t shoot the dog!” (¡No mates al perro!) (1984), expone gran parte de sus técnicas de reforzamiento y conclusiones acerca de la modificación conductual, ampliadas al campo del comportamiento de otros animales e incluso de los seres humanos, con un lenguaje directo y claro.
¿Qué es el clicker?
El clicker es una pequeña caja de plástico con un resonador metálico que emite un chasquido al ser oprimido con los dedos.
Su principal función es la de actuar como un refuerzo condicionado para comunicarle al perro qué conducta es la que va a ser reforzada (normalmente el refuerzo primario es comida, pero también puede ser otras cosas)
El sonido del clicker es claro y distinto, sobresale por encima de otros estímulos del ambiente y es rápido y preciso para marcar conductas o fragmentos de ellas en el momento exacto en que están ocurriendo. La idea clave aquí es comunicación fluida e inmediata.
Metodología
Para usar el clicker como un poderoso elemento de comunicación inter-específica (hombre-perro), lo primero que hay que hacer es “cargar” el clicker. Esto se consigue por asociación del estímulo del clicker con la presentación de un reforzador primario (trozos pequeños de salchicha, por ej.). Esto se hace repetidas veces hasta lograr el aprendizaje del click (condicionamiento clásico) en una o más sesiones.
La idea es que el perro, al escuchar el click, anticipe la presentación del refuerzo, lo que también generará una respuesta emocional positiva.
Una vez que se ha creado la asociación, el clicker es usado para marcar todo tipo de comportamientos deseables cuando ocurren espontáneamente (o inducidos), lo que aumentará la probabilidad de que esas conductas sean repetidas en el futuro.
En el entrenamiento con clicker sólo se utilizan el refuerzo positivo y la extinción como métodos válidos de modificación conductual y aprendizaje.
A partir de los programas descritos con anterioridad, normalmente se utiliza el programa de reforzamiento continuo para el establecimiento de nuevas conductas y posteriormente se pasa a un programa de razón variable. En este punto, también el tipo y magnitud de los reforzadores debería ser variable e impredecible.
Por lo general el clicker es utilizado durante el período que el perro demora en aprender un nuevo ejercicio. Luego, una vez que se ha puesto la conducta bajo control de estímulos, es posible dejar de lado el clicker hasta que se desee enseñar un nuevo “truco”.
Las formas más comunes de entrenamiento de perros usando el clicker se resumen en las tres siguientes: shaping, luring y targeting.
Shaping (Modelado por aproximaciones sucesivas)
El modelado consiste en tomar una pequeña tendencia en la dirección correcta y llevarla a través del reforzamiento, paso a paso, hacia una meta final.
En el modelado, se busca enseñar un comportamiento complejo, compuesto de muchos comportamientos más simples realizados en forma encadenada. Lo más fácil es comenzar por reforzar la respuesta más sencilla y natural para el perro, la cual será el punto de partida para el modelado. Toda vez que el perro ofrezca conducta
s más cercanas al comportamiento final que buscamos, estas serán reforzadas en forma selectiva, es decir ya no se presentará refuerzo para las respuestas iniciales.
El modelado es posible porque el comportamiento de los organismos es variable. No importa cuál sea la conducta observada en un perro, él la realizará con más fuerza unas veces que otras y en diferentes direcciones o con otras variaciones de diversa magnitud. Entonces, si tomamos cualquier conducta que el perro esté ofreciendo espontáneamente, podremos reforzarla y gradualmente transformarla en otro tipo de comportamiento.
Luring (Atracción)
En esta técnica, se utiliza el reforzador primario como una guía para inducir al perro a adoptar distintas posturas físicas. Al mover un trozo de salchicha frente a la nariz del perro, éste se verá impulsado a seguir con su cabeza y el resto de su cuerpo. Esto facilita el guiarlo hasta las posiciones básicas del adiestramiento de obediencia (sentado, echado, parado, junto, etc.), clickeando en el preciso momento en que logra la posición y reforzando con cierta frecuencia para estabilizarlo en la posición.
El objetivo es que, luego de un número variable de repeticiones, el perro comience a ofrecer espontáneamente las operantes de las distintas posiciones. Una vez llegado este punto, se procede a poner ese comportamiento bajo control de estímulos.
Targeting (Establecer blancos)
El método del targeting está basado en lograr que el perro toque con la nariz o con las patas o con otra parte de su cuerpo un objetivo o blanco. Este entrenamiento forma parte de las habilidades básicas que se pueden enseñar con el clicker y tiene un sinnúmero de aplicaciones prácticas como el aprendizaje de trucos y ejercicios sorprendentes tales como cerrar puertas, jugar a la pelota, traer objetos, prender y apagar interruptores, etc.
Problemas de comportamiento y modificación conductual
Existe una amplia gama de problemas conductuales en los perros, desde el perro que hace sus necesidades al interior de la casa, hasta el perro con problemas de agresividad. Mucho se ha escrito y ensayado en la búsqueda de solución a estos y otros problemas en la relación hombre-perro. Los enfoques tradicionales casi siempre se han basado en castigos de la más diversa índole, desde los consabidos tirones con collares de ahorque o puntas, hasta el maltrato y los golpes.
Afortunadamente, el entrenamiento con clicker y los principios del reforzamiento, ofrecen soluciones mucho más positivas para la solución de los problemas de conducta.
Existen cinco maneras de aplicar estos principios en la modificación conductual.
Extinción
Si, por ejemplo, el comportamiento que deseamos reducir es del tipo búsqueda de atención, la respuesta es muy sencilla: simplemente no responder…De esta forma el perro, al no obtener refuerzo de ningún tipo, pronto declinará en su tasa de conductas. Esto es evidentemente mucho mejor que retarlo o castigarlo, ya que ambas cosas serían reforzadores potenciales (atención) para estas conductas.
Hay ciertos patrones conductuales que son auto-reforzantes (ladrar o masticar objetos, por ej.) y difícilmente se van a extinguir por si solos.
Entrenar una respuesta incompatible
Este método es muy eficaz en muchos casos. Se trata de enseñar un comportamiento físicamente incompatible con la conducta problemática. Un ejemplo sencillo es el caso del perro que se abalanza sobre las visitas, empujándolos y ensuciándoles la ropa. Lo más rápido y efectivo sería entrenar la posición de sentado y reforzarla cada vez que lleguen visitas (estímulo discriminativo). Si el perro aprende a sentarse cada vez que llega alguien, no podrá hacerlo y al mismo tiempo saltar sobre ese alguien.
Poner la conducta bajo control de estímulos
Uno de los axiomas de la teoría del condicionamiento operante es que cuando hemos puesto una conducta bajo control de estímulos –esto es, cuando el organismo aprende a ofrecer el comportamiento si y sólo si es presentado el estímulo discriminativo- esta conducta tenderá a extinguirse en la ausencia del estímulo.
Un ejemplo sería entrenar a un perro para ladrar bajo la señal “ladra” (estímulo discriminativo) y reforzarlo por hacerlo, luego al no dar la señal no hay refuerzo, de manera que esa conducta tendería a disminuir su tasa (extinción).
Modelar la ausencia de comportamiento
Este método sirve para eliminar un comportamiento problemático cuando no hay otra cosa que se pretende lograr que el perro haga en lugar de. La idea es reforzar cualquier cosa que no sea la conducta indeseable. Si tomamos nuevamente el ejemplo del perro que ladra en exceso, la idea sería salir de vez en cuando –cada vez que no este ladrando, desde luego- con intervalos variables y darle un reforzador positivo.
Este método es particularmente efectivo con perros agresivos o miedosos, cada vez que el perro actúa con normalidad, consigue un refuerzo.
Cambiar la motivación
A menudo esta es la forma más amable y efectiva de todas para lograr cambios en el comportamiento problemático. La dificultad estriba en inferir cuál es la posible causa de una conducta determinada, ya que es fácil apresurarse a sacar conclusiones. La idea es observar con atención el ambiente del perro y las condiciones en que se encuentra, además de la relación que existe entre él y los miembros de la familia. De esta manera, será posible encontrar posibles causas y tratar de eliminarlas del contexto. No descartar la posibilidad de hambre, enfermedad, dolencias, aburrimiento, soledad o miedo.
Desde luego que hay problemas de conducta que tienen su origen en aspectos hereditarios o factores orgánicos, tales como desórdenes neurológicos y otros. Aquí, la sola modificación conductual probablemente no será suficiente y, en algunos casos, habrá que recurrir también a la ayuda de medicamentos, prescritos por un especialista.
Conclusión
La teoría del condicionamiento operante es considerada, hoy en día, un tanto limitada por la mayoría de los Psicólogos a la hora de explicar las complejidades del aprendizaje y la conducta de los seres humanos. Sin embargo, como hemos visto, ella constituye un poderoso modelo para abordar el comportamiento animal. Como aplicación práctica de la teoría, el entrenamiento con Clicker es una metodología cuyas ventajas resultan evidentes. Al compararla con los métodos convencionales de adiestramiento canino (la mayoría basados en la fuerza y la coerción), destaca su énfasis en la comunicación inter-específica fluida y en el trabajo basado en motivación positiva. Los resultados son asombrosos. Perros que disfrutan del entrenamiento y dueños felices de poder comunicarse con sus mascotas de una forma que no habían imaginado posible.
Debido a estas características, el entrenamiento con Clicker ha logrado una difusión tan espectacular en todo el mundo.
Bibliografía
Campbell, W. (1992). Behavior Problems in Dogs. California: American Veterinary Publications
Chance, P. (1994). Learning and behavior. California: Wadsworth
Davidoff, L. (1989). Introducción a la Psicología.Méjico: McGraw-Hill/Interamericana
Leahey, T. H. (1998). Historia de la Psicología. Madrid: Prentice Hall Iberia
Pryor, K. (1984). Don’t shoot the dog! New York: Bantam Books
Skinner, B.F. (1953). Science and Human Behavior. New York: Free Press
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DIETA NATURAL PARA PERROS Y GATOS
Componentes
1. Carne cruda: carne de pollo, pavo, vaca, cordero, etc. vísceras cómo corazón, hígado, callos (mondongo), etc. Pescado entero crudo una vez por semana mínimo. Dar la carne troceada o picada. También huevos enteros crudos.
2. Huesos: Siempre CRUDOS: cuellos o caparazones de pollo, cuellos de pavo. Se pueden sustituir por un suplemento de CALCIO de calidad a razón de unos 165 mg de calcio por cada 10 Kg de peso aproximadamente (ajustar según la presentación del preparado que se utilice). Si se da suplemento de calcio, aumentar las cantidades de carne y vísceras.
3. Verduras y Hortalizas: crudas, en puré o picadas: zanahorias, batatas, brócoli, calabacín, apio, perejil, ajo, lechuga, tomates, pimientos, etc. NUNCA DAR CEBOLLA. Limitar verduras ricas en ácido oxálico (espinacas, acelgas, etc.). Se pueden aprovechar sobras de los platos de verdura que comemos en casa también.
4. Acidos Grasos Esenciales (AGEs): proporcionado por aceites ricos en estos: aceite de lino, aceite de pescado, aceite de borraja, etc. El aceite de hígado de bacalao además es una buena fuente de vitamina A (esencial suplementarla en gatos, no tanto en perros si se utilizan vegetales ricos en carotenos como la zanahoria). Importante que los aceites sean de 1ª prensada en frío y añadir vitamina E cómo antioxidante.
5. Algas kelp o alfalfa: en polvo fino. Proporcionan minerales y elementos traza. Si se usa alfalfa, añadir sal yodada en proporción: ¼ taza de kelp, sustituirla por ¾ taza de sal marina + ¼ taza de alfalfa (no utilizar en animales que precisen dieta baja en sal). Algunos animales son alérgicos al kelp y/o a la alfalfa, si es su caso omítalo y administre un suplemento multi-vitamínico y mineral.
6. Vitamina C: en forma de ascorbato cálcico o sódico por ejemplo.
7. Tentempiés y premios: huesos grandes de fémur o rodilla crudos, frutos secos y semillas crudas sin sal (almendras, nueces, pipas de calabaza y de girasol, etc.), frutas (plátano, manzana, pera, dátiles, mango, etc.)
8. Opcional: vinagre de manzana orgánico, enzimas digestivas (de papaya y/o piña), probióticos no lácteos o yogur natural orgánico, extracto de semilla de cítrico, levadura de cerveza, lecitina de soja, etc.
Cantidades Aproximadas Diarias (ajustar según necesidades individuales de peso, ejercicio, etc. y dividir en dos comidas al dia).-
Mascota de 5 Kg de Peso
1. Carne Cruda: 100-125 g de carne de músculo. Además alguna viscera o huevo.
2. Huesos Crudos: 1-2 cuellos de pollo; o bien Suplemento de calcio: 80-84 mg calcio.
3. Verduras y Hortalizas: ½ - 1 cucharada sopera.
4. Kelp/alfalfa: ½ - 1 cucharadita. Aceite de hígado de bacalao: ¼ cucharadita. Aceite (AGEs): ½ cucharadita. Vitamina C: 500mg (hasta 1 gramo).
Mascota de 25 Kg de Peso
1. Carne Cruda: 225-250 g de carne de músculo. Además visceras o huevos.
2. Huesos Crudos: 1 cuello de pavo o 6 cuellos de pollo; o bien Suplemento de calcio: 400-420 mg calcio.
3. Verduras y Hortalizas: 3 cucharadas soperas.
4. Kelp/alfalfa: 2 cucharadita. Aceite de hígado de bacalao: 1 cucharadita. Aceite (AGEs): 2 cucharadita. Vitamina C: 3 g (hasta 6 gramos).
Mascota de 50 Kg de Peso
1. Carne Cruda: 500g -1 Kg de carne de músculo. Además visceras o huevos.
2. Huesos Crudos: 2-3 cuellos de pavo; o bien Suplemento de calcio: 800-840 mg calcio.
3. Verduras y Hortalizas: 100-125 g.
4. Kelp/alfalfa: 1 cucharada sopera. Aceite de hígado de bacalao: 2 cucharaditas. Aceite (AGEs): 1½ cucharadita. Vitamina C: 6 g (hasta 7,5 gramos).
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A quien conmigo va…
Escrito por Don Antonio Gala /
Yo no creo haber hecho nada malo esta mañana… Me parecieron todos muy nerviosos. Iban y venían por los pasillos, esquivándose unos a otros. Ella le gritaba a la madre de él, y los dos niños, con las manos llenas de cosas, entraban en el dormitorio de los padres, que yo tengo prohibido. La pequeña (la más amiga mía) chocó contra mí dos o tres veces. Yo le buscaba los ojos, porque es la mejor manera que tengo de entenderlos: los ojos y las manos. El resto de su cuerpo ellos lo saben dominar y, si se lo proponen, pueden engañarte y engañarse entre sí; pero las manos y los ojos, no. Sin embargo, esta mañana mi pequeña no me quería mirar. Sólo después de ir detrás de ella mucho tiempo, en aquel vaivén desacostrumbado, me dijo: “Drake, no me pongas nerviosa. ¨No ves que nos vamos de veraneo, y están los equipajes sin hacer?” Pero no me tocó ni me miró.
Yo, para no molestar, me fui a mi rincón, me eché encima de mi manta y me hice el dormido. También a mí me ilusionaba el viaje. Les había oído hablar días y días del mar y de la montaña. No sabía con certeza qué habían elegido; pero comprendo que, en las vacaciones (y más en éstas que son más largas que las otras dos) mi pequeña podrá estar todo el día conmigo. Y lo pasaremos muy bien, estemos donde estemos, siempre que sea juntos… Tardaron tres horas en iniciar la marcha. Fueron bajando las maletas al coche, los paquetes, la comida (que olía a gloria) y los envoltorios del último momento. Yo necesitaba correr de arriba abajo por la escalera, pero me aguanté. Cuando fueron a cerrar la puerta, eché de menos mi manta. Entré en su busca; me senté sobre ella; pero él me llamó muy enfadado -Drake, venga!, y no tuve más remedio que seguirlo. Mientras bajaba, caí en la cuenta de que, en el lugar al que fuéramos, habría otra manta. Ellos siempre tienen razón.
Los tres mayores, mi pequeña, su hermano y yo… Era difícil caber en aquel coche, tan cargado de bultos; pero estábamos bien, tan apretados todos. Yo me acurruqué en la parte de atrás, bajo los pies de los niños. La madre de él se sentó en un extremo, que suele ser su sitio, y todavía no se le habían olvidado las voces de ella, porque no decía nada; sólo miraba las calles y la luz, que era muy fuerte, a través del cristal… Los niños se peleaban con cualquier pretexto esta mañana; seguían muy nerviosos. Yo sufrí sus patadas con tranquilidad, porque sabía que no iban a durar y porque era el principio de las vacaciones. Cuando, de pronto, el niño le dió un coscorrón a mi pequeña, yo le lamí en cambio las piernas con cariño; pero ella me dió un manotazo, como si la culpa hubiera sido mía. La miré para ver si sus ojos me decían lo contrario. Ella, mi pequeña quiero decir, no me miraba.
Fue cuando ya habíamos perdido de vista la ciudad. Él se echó a un lado y paró el coche. Los de delante daban voces los dos; no sé si porque discutían o por qué. La madre de él no decía nada; ya antes había empezado a decir algo, y el la cortó con muy malos modales. Tampoco los niños decían nada… Él, bajó del coche y cerró de un portazo; le dió la vuelta; abrió la puerta del lado de los niños, y me agarró por el collar. Yo no entendí. Quizá quería que hiciese pis, pero yo lo había hecho en un árbol mientras cargaban y disponían los bultos. Me resistí un poco, y él, con mucha irritación y voces, tiró de mí. Me hizo daño en el cuello. Me bajó del coche. Empujó con violencia la puerta, y volvió a sentarse al volante. Oí el ruido del motor. Alcé las manos hacia la ventanilla; me apoyé en el cristal. Detrás de él vi la cara de mi pequeña con los ojos muy redondos; le temblaban los labios… Arrancó el coche, y yo caí de bruces. Corrí tras él, porque no se daban cuenta de que yo no estaba dentro; pero aceleró tanto que tuve que detenerme cuando ya el corazón se me salía por la boca… Me aparté, porque otro coche, en dirección contraria casi me arrolla, Me eché a un lado, a esperar y a mirar, porque estoy seguro de que volverán por mi… Tanto miraba en la dirección de los desaparecidos que me distraje, y un coche negro no pudo evitar atropellarme… No ha sido mucho: un golpe seco que me tiró a la cuneta… Aquí estoy. No me puedo mover. Primero, porque espero que vuelvan a este mismo sitio en el que me dejaron; segundo, porque no consigo menear esta pata. Quizá el golpe del coche negro aquel no fue tan poca cosa como creí… Me duele la pata hasta cuando me lamo. Me duele todo… Pronto vendrá mi pequeña y me acariciará y me mirará a los ojos. Los ojos y las manos de mi pequeña nunca serán capaces de engañarme. Aqui estaré… Si tuviese siquiera un poco de agua: hace tanto calor y tengo tanto sueño… No me puedo dormir. Tengo que estar despierto cuando lleguen… Me siento más solo que nadie en este mundo… Aquí estaré hasta que me recojan. Ojalá vengan pronto.
Antonio Gala, Junio de 1991
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Written by Angélica Steinker, M.Ed. CAP2, CDBC, C.C.B.C.
Traducción del artículo (Open Call for Creativity) por Carlos García-Rico
El propósito de este artículo es animar a los adiestradores a que estén abiertos a experimentar con distintas técnicas lúdicas y motivacionales. El propósito no es censurar el uso del castigo, sino hacer pensar sobre su uso y animar a los adiestradores a encontrar métodos alternativos para adiestrar a sus perros.
En este artículo, el término castigo se refiere tanto a castigo positivo como negativo, y el término refuerzo se refiere a refuerzo positivo. Castigo positivo es cuando añades algo al entorno del perro que disminuye determinado comportamiento. Castigo negativo es cuando retiras algo que el perro quiere para disminuir un determinado comportamiento.
El castigo nos resulta familiar
Algunas partes de este artículo puede que sean difíciles de leer. El tema del castigo es un asunto delicado. Es delicado porque todos hemos experimentado el hecho de ser castigados y todos hemos castigado alguna vez. Porque sabemos que el castigo es desagradable, nos resulta incómodo pensar sobre cómo lo usamos exactamente.
Todos sabemos lo que es recibir un castigo. La mayoría de nosotros ha recibido una multa por exceso de velocidad o por aparcamiento indebido. Todos nosotros fuimos castigados de alguna manera cuando estábamos creciendo y nuestros padres nos enseñaban comportamientos adecuados. Debido a estas experiencias sabemos que los castigos no son divertidos para la persona que los recibe. Sin embargo, el castigo nos resulta familiar. Como personas y como adiestradores tendemos a recurrir a lo que nos resulta familiar ya que es mucho más fácil utilizar algo que nos resulta familiar que dar con ideas nuevas. Eso puede hacer que pasemos por alto otras técnicas de adiestramiento efectivas, porque nos encerramos en lo que ya conocemos y ya sabemos cómo hacer.
El hecho de saber lo que se siente al ser castigado puede provocar que nos avergoncemos de usar castigos en el adiestramiento o en el trato con otras personas. Es importante ser consciente de esto, y entender que esta vergüenza puede hacer que sea difícil leer algunas partes de este artículo.
El castigo engendra castigo
El castigo es popular. En nuestra sociedad estamos rodeados de él. Los directivos lo utilizan para controlar a los empleados. Los profesores lo usan para erradicar los comportamientos incorrectos en clase. La policía lo usa para erradicar los excesos de velocidad y otras violaciones de la ley más graves. La sociedad lo usa en un intento de controlar a los criminales. Los ejemplos son incontables. Incluso en lo más íntimo de las relaciones personales, el castigo está a la orden del día.
La sed de castigo parece estar impulsada por el deseo de control de las personas. La ironía es que la gente controla muy poco. El hecho de que casi nunca tengamos el control es la fuerza impulsora que está detrás de la necesidad de control.
Los mejores adiestradores caninos buscan la perfección. Es este deseo de perfección el que puede provocar el deseo de conseguir un control completo de sus perros. En la superficie este concepto de “control total del perro” suena muy bien. El adiestrador obtiene la obediencia total y el perro obtiene la recompensa. Sin embargo, invariablemente el perro cometerá errores. Estos errores chocan con el concepto de control total y pueden preparar el camino hacia el uso del castigo.
Cualquiera que haya tenido perro alguna vez podrá contarte muchas historias sobre como el control total no es posible. Hay perros que han sido entrenados hasta los más altos niveles de obediencia y que se han negado a sentarse en alguna circunstancia. Hay perros que no responden a la llamada cuando hay ardillas, y muchos otros ejemplos. La quimera del control total y el deseo de conseguirlo convierten el castigo en un imán para los adiestradores. Incluso algunos adiestradores de primera fila aseguran que el uso de collares eléctricos para adiestrar la llamada y prevenir la agresión puede ser apropiado. Ninguno de los dos problemas se resuelve usando collares eléctricos pero su uso se recomienda de todas formas. La respuesta a la llamada en un perro es el reflejo de la relación entre ese perro y su dueño, y de cuanto se ha adiestrado la llamada con distracciones severas. Tratar la agresión en perros requiere crear asociaciones positivas con otros perros, no asociaciones negativas.
Mientras que cada individuo es responsable de cómo elige adiestrar a su perro, la sociedad nos ha predispuesto a usar el castigo. El condicionamiento empieza en la escuela dónde los errores son marcados en rojo. Los adolescentes que están viendo una película en un cine abarrotado gritan “¡que timo!” si los efectos especiales están por debajo de lo que esperaban. Estamos condicionados a tener una visión láser para los errores. El hecho de que estemos condicionados para detectar los errores prepara el escenario para el castigo. Estamos programados para ver los errores, no los comportamientos excepcionales. Cuando un comportamiento excepcional pasa inadvertido o es da por supuesto la oportunidad de reforzarlo pasa de largo. Dejadme que lo diga otra vez: Cuando un comportamiento excepcional pasa inadvertido o es tomado por supuesto la oportunidad de reforzarlo pasa de largo. Este es un punto muy importante.
Otra dinámica emparejada con el castigo es la culpa. Cuando ocurren desastres o accidentes, hemos sido condicionados para localizar y castigar al individuo o entidad que tenga la culpa. Echar la culpa es muy autoreforzante. Echar la culpa es divertido, porque significa que la falta cometida es error de otra persona, así que otra persona sufrirá por ese error. El acto de culpar es la fuerza que subyace detrás del castigo; primero culpas, después castigas.
En el adiestramiento canino nuestro sistema de competición está basado por completo en la perfección. En obediencia todos los perros entran en el ring con una perfecta puntuación de 200. Los errores van substrayendo puntos y reduciendo la puntuación. En agility la meta son las carreras limpias, y conforme se ha hecho más competitivo este deporte, la meta se ha convertido en conseguir carreras limpias con giros muy cerrados. La perfección que los competidores persiguen es esquiva y, de nuevo, los adiestradores están predispuestos a ver los errores, buscar culpables, y castigar.
Tradicionalmente a un perro se le enseña atención—mirar a la persona—recompensando inicialmente el contacto visual y después castigando al perro por mirar a otro lado al añadir distracciones. La atención pasiva resultante y la postura sumisa de los perros entrenados con este método no es el ideal, pero no se quitan puntos por ello en competición. El adiestrador tendrá una buena actuación en el ring a pesar de la infelicidad del perro. Aunque la infelicidad del perro no puede ser demostrada, una postura sumisa y un movimiento débil de la cola dicen muchas cosas sobre el estado emocional de un perro. A pesar de su pobre estado de ánimo el perro puede ganar en el ring así que el uso del castigo ha sido reforzado.
Pero a mí me castigaban
Mientras estábamos creciendo todos experimentamos el castigo. Esto lleva a pensamientos a favor del castigo como “pero a mi me castigaban y yo he salido bien” No “salimos bien” debido al castigo, es una burda simplificación de un proceso altamente complejo. “Salimos bien” porque nos enseñan valores que están en línea con la mayoría de los valores de la sociedad. “Salimos bien” porque decidimos comportarnos de una manera decente. Los niños cuando son castigados raramente aprenden lo que sus padres pretendían. Un
niño que es castigado por decir una palabrota simplemente aprende a no decirla en presencia de sus padres. La verdadera intención del padre era erradicar el uso de palabrotas en cualquier situación y el castigo no consigue este fin. Esta misma dinámica del castigo es la que hace que un perro que es castigado por ensuciar la casa no comprenda lo que se le quiere enseñar y simplemente evite ensuciar en presencia del dueño. Este malentendido lleva obviamente a un caos en la educación del perro en cuestiones de limpieza. Como el perro no es adiestrado correctamente esto puede llevar a un incremento en el castigo si el dueño llega a la conclusión de que el primer castigo fue demasiado débil. Nace un círculo vicioso de castigos y el perro sigue sin haber aprendido a hacer sus necesidades donde debe.
El castigo es reforzante
Cuando un adiestrador castiga es reforzante para el adiestrador en varios sentidos. En primer lugar, el castigo provoca respuestas muy fuertes y evidentes en el perro así que el adiestrador percibe que tiene un efecto poderoso. El adiestrador que aplica el castigo se siente poderoso al castigar debido a la contundente respuesta del perro. Además, cualquiera que esté observando es fácil que se sienta impresionado por la dramática respuesta del perro. En segundo lugar, el adiestrador ha tomado la decisión de castigar; esto es gratificante y también reforzante para el adiestrador. Ser capaz de tomar decisiones sobre que comportamientos merecen castigo es una inyección de ego. En tercer lugar, si el adiestrador se sentía frustrado el castigo tendrá un efecto catártico. El mero hecho de aplicar el castigo ayudará al adiestrador a purgar sus sentimientos de frustración.
Frecuentemente se refieren al castigo como “lo único que funciona”. La razón de que sea “lo único que funciona” es que el adiestrador ha decidido no hacer el esfuerzo extra que supone encontrar el refuerzo adecuado que sería efectivo para ese perro en particular. Como he mencionado anteriormente, el castigo nos es familiar a todos. Los adiestradores tienden a usar técnicas con las que están familiarizados antes que idear alguna nueva. En otras palabras, han usado más el adiestramiento con castigos que el adiestramiento con refuerzos así que tienen más habilidades como castigadores que como reforzadores.
El castigo es reforzador para el adiestrador porque:
· Provoca reacciones poderosas en los perros, incluyendo las de los posibles e impresionados espectadores.
· Es una inyección de ego (sensación de poder).
· Hay un alivio de la frustración.
· No requiere ningún pensamiento creativo o solución creativa a un problema. Es más fácil que usar refuerzos.
Incluso si el castigo no es reforzante para el adiestrador puede serlo para el perro. Muchos perros prefieren asumir el castigo antes que ser ignorados. Para estos perros el castigo reforzará el comportamiento e incrementará la probabilidad de que vuelva a ocurrir.
Los adiestradores que usan castigos nunca estarán seguros de si lo han usado porque realmente era el último recurso o porque tienen detrás un historial de refuerzo en el uso del castigo.
Argumentos a favor del castigo
Los adiestradores que utilizan collares de castigo y correcciones de correa insisten en que un adiestramiento basado en correcciones es más rápido y más efectivo. Sin embargo, tanto el castigo como el refuerzo requieren una sincronización adecuada para ser efectivos. Para cada escenario de adiestramiento en el que uno de estos adiestradores optara por el castigo, se podría también elegir técnicas basadas en el refuerzo. Como el castigo es tan popular los adiestradores se han vuelto realmente buenos a la hora de aplicarlo. Los adiestradores con experiencia saben con que clase de castigo obtendrán los mejores resultados. En consecuencia muchos adiestradores carecen del conocimiento de cómo usar el refuerzo con creatividad. Es más fácil continuar usando las técnicas de castigo conocidas que imaginar “festines” de refuerzo. Esta es una razón por la cual algunos adiestradores piensan que es más rápido el uso de técnicas basadas en las correcciones. Para ellos es más rápido porque eligen no tomarse el tiempo necesario para aprender técnicas basadas en refuerzo que llevarían a los mismos resultados.
Tanto las correcciones como los refuerzos requieren una sincronización apropiada. Una corrección de correa a destiempo será inefectiva. Por ejemplo, durante un ejercicio de andar junto, el perro se adelanta – esta posición es incorrecta. El adiestrador lo ve pero accidentalmente da el tirón de la correa de estrangulamiento cuando el perro ya ha vuelto a la posición correcta. El perro queda confuso ya que las correcciones anteriores le habían dicho que andar junto estaba bien pero esta última corrección le ha dicho que está mal. Un perro sensible o independiente es probable que se cierre y deje de trabajar después de unas cuantas correcciones de correa aplicadas a destiempo. La puerta se ha abierto para culpar al perro. Se culpa al confundido perro por tener una actitud incorrecta.
Un refuerzo aplicado a destiempo también será confuso y carente de significado para el perro. Si un adiestrador está usando comida como refuerzo para enseñar al perro a andar junto, y por error le da una galletita cuando el perro no está en la posición correcta, también confundirá al perro. La diferencia es que es menos probable que un perro que ha sido recompensado con un criterio incorrecto deje de trabajar. Es lógico concluir que una galleta o una rascada en el ombligo a destiempo no son tan injustas como una corrección de correa en el momento incorrecto.
El castigo engendra contra-control
Nada es gratis. El uso del castigo tiene un precio. El castigo extremo provoca al parecer comportamientos aberrantes. Hace algunos años se dio un caso impactante de un elefante que “se volvió loco” y atacó a su domador y aplastó a algunos espectadores antes de ser abatido a tiros en la calle. Más tarde, se hizo publico que el adiestrador de este elefante había usado técnicas de adiestramiento crueles. En cualquier refugio de animales se pueden encontrar muchos ejemplos del comportamiento aberrante que provoca el castigo excesivo.
Los animales que son castigados toleran el castigo hasta un punto. Este punto es el umbral de castigo. Cuando se cruza este umbral el animal pasa directamente al contra-control. El contra-control es normalmente agresión. Entonces decidimos controlar este contra-control con el castigo final que es matar al animal. Cuando se trata de control, nada funciona mejor que matar.
El uso excesivo de refuerzos lleva a un camino con muchas bifurcaciones. El uso extremo del refuerzo puede lleva a muchos comportamientos dependiendo del conocimiento y la sincronización del adiestrador. Alguno de los comportamientos resultantes será deseado y otros indeseados. Independientemente de dónde nos lleve el camino, no existen casos de perros eutanasiados debido al exceso de alabanzas o a demasiadas galletitas a destiempo. Tanto el castigo extremo como el refuerzo extremo no reflejan prácticas de adiestramiento habituales. Sin embargo, es importante examinar tanto el exceso de castigo como el exceso de refuerzo ya que algunas personas toman la decisión de usar medidas extremas.
La figura inferior ilustra el espectro completo de las posibilidades de adiestramiento. En el extremo derecho tenemos adiestradores que utilizan sobre todo castigos y muy poco refuerzo. En el extremo izquierdo
tenemos adiestradores que usan sobre todo refuerzo y muy poco castigo.
¿En que extremo del espectro te gustaría que estuviese alguien que tuviera que enseñarte comportamientos nuevos o mejores?
Cuanto mayor sea el uso del castigo mayor será el impacto negativo en los lazos y la relación entre tú y tu perro. No importa como de preciso sea el momento de aplicar el castigo, al perro siempre le desagradará. El condicionamiento clásico, uno de los procesos por los que aprende un perro, establece que el castigo se asocia a quien lo aplica, de ahí el impacto negativo que tiene en la relación.
Independientemente de las técnicas de adiestramiento que utilices, el uso tanto del castigo como del refuerzo es inevitable. Incluso si tienes la intención de adiestrar a tu perro sin usar ningún refuerzo, muchas interacciones son reforzadoras. El contacto visual es reforzante para los perros, así como el contacto físico. De la misma forma, un tono de voz amable es reforzante. El mismo principio aplica a los puristas que quieren adiestrar sin usar ningún castigo en absoluto. Simplemente no es posible. Una corrección verbal y ya has fallado. Pedir a un perro que repita un ejercicio también puede ser un castigo. No entregar una recompensa es un castigo. La cuestión no es censurar el castigo sino aceptar el desafío de encontrar alternativas.
Tanto el castigo como el refuerzo están sujetos a desensibilización. Esto quiere decir que un adiestrador que use un collar eléctrico, si lo hace de manera muy repetitiva, tendrá que utilizar descargas cada vez más fuertes para que sean efectivas. Los perros que son castigados con descargas desarrollan una tolerancia a las mismas. Esta es la razón por la cual los dueños de perros que usan collares eléctricos de control remoto para asegurar que el perro no se escape del jardín, acaban incrementando la potencia de la descarga hasta que incluso la descarga de mayor intensidad no consigue que el perro muestre el comportamiento deseado de permanecer en el jardín. Ese perro ha sido desensibilizado a las descargas con éxito. Esa desensibilización puede llevar al abuso. El mismo proceso de desensibilización puede ocurrir con otras formas de castigo. Una palmadita se convierte en una palmada, una palmada en una bofetada, una bofetada en una patada, y así sucesivamente. Esto no es una cuestión de adiestramiento — esto es una cuestión de humanidad y de cómo tratamos a los demás y a nuestros perros.
Si el perro no se desensibiliza a las descargas hay una posibilidad de que el perro se sensibilice a ellas. Hay estudios que demuestran que hay perros que se desensibilizan mientras que otros se sensibilizan al ser expuestos a los mismos estímulos. (ver Excel-erated Learning de Pam Reid para más información). Si un perro se sensibiliza a las descargas durante el proceso de adiestramiento es probable que el perro entre en una respuesta de combate o huida al ser empujado más allá de su umbral de castigo. Esto puede ser peligroso tanto para el perro como para el dueño.
Por último, el uso de collares eléctricos no va a tener un efecto positivo en tu relación con el perro. Incluso si solo se necesitaran una o dos descargas para parar inhibir el comportamiento, la pregunta permanece: ¿Cómo querrías ser educado tú? Imagina un vendedor al que se le dice que tiene que vender más de 1000 artículos para evitar una descarga eléctrica, y compáralo con un vendedor al que se le dice que tiene que vender más de 1000 artículos para ganarse una bonificación.
El refuerzo está sujeto a la misma dinámica de desensibilización. Si un adiestrador siempre da al perro el mismo premio de la misma manera, el premio se volverá menos efectivo. Esta es una razón por la cual si un adiestrador decide enseñar a su perro usando comida el perro debe tener hambre durante las sesiones y la comida debe ser variada. Un perro que tiene libre acceso a la comida o a los juguetes simplemente no estará motivado. Limitando el acceso a los refuerzos que se usan en el adiestramiento se conseguirá que los refuerzos sigan siendo apetecibles y evitará la desensibilización.
El hecho de castigar significa que el perro tiene la culpa
La lógica nos dice que un castigo justo es el resultado de un error por parte del perro. Los castigos injustos no son lógicos. Así que si el adiestrador está enseñando al perro y se produce un error, el perro es castigado porque se asume que el perro ha sido desobediente. Sin embargo, el error del perro pudo haber sido causado por muchos otros factores; alguno de los cuales son:
· El aprendizaje no se ha generalizado. Lo que le has enseñado no se entiende en diferentes contextos.
· La indicación no ha sido entrenada suficientemente- – hay algo más interesante para el perro.
· Las distracciones eran demasiado abrumadoras para el perro. Hemos propiciado el error.
· El perro no se siente bien.
· El perro está confundido.
· El perro ha malinterpretado algo.
· Ha habido poco entrenamiento.
· El perro no estaba prestando atención. Hace falta trabajar la atención.
¿Por qué asumimos que un error es desobediencia y un acto deliberado y calculado? ¿Por qué asumimos lo peor? ¿Por qué culpamos al perro? Si es el perro quien se ha equivocado entonces el adiestrador va a tener serias dificultades para evitar que el error se vuelva a producir. Esto quiere decir que el adiestrador vive con el miedo de que el perro decida volver a desobedecer. Así que el perro tiene la culpa. El adiestrador solo puede aplicar la corrección cuando el error ocurre. El resultado se traduce en un montón de tiempo observando vigilante y esperando que el acto de desobediencia deliberado ocurra otra vez para que pueda ser corregido.
La alternativa es mucho más agradable tanto para el perro como para el adiestrador. Es asumir que el adiestrador ha cometido el error. Que el adiestrador ha provocado que el perro se equivoque por falta de adiestramiento, o adiestramiento inadecuado. Si es el adiestrador quien se ha equivocado puede fácilmente hacer los cambios necesarios. Cambiar su comportamiento en vez de culpar al perro. El adiestrador tiene el control. Este proceso también asume que el perro es suficientemente inteligente para aprender y suficientemente inteligente para interpretar algo mal o confundirse. Está claro que los errores del perro son responsabilidad del adiestrador.
Sin embargo, el juego de la culpa es infinitamente más gratificante que hacer cambios en los programas de adiestramiento. Así que los tirones continúan.
¿Es el castigo más fuerte que el refuerzo?
El castigo obtiene resultados dramáticos. Un perro que recibe una descarga está altamente motivado por el dolor que ha sufrido para evitar otra descarga. Un perro que es golpeado por ensuciar la casa tomará medidas extremas como comerse sus propias deposiciones para evitar futuras palizas. Toda la evidencia sugiere que el castigo es más fuerte que el refuerzo. Sin embargo el refuerzo gana la competición por muchas razones. Consideremos actividades de alta gasto energético como correr. ¿Cuando se ve a un perro corriendo a todo gas hasta llegar al límite? ¿Si el castigo es el motivador definitivo por que los galgos se molestan en perseguir a un conejo de mentiras? La verdadera motivación se consigue con refuerzo, no co
n castigo. Como he dicho antes, ¿Cuánto tiempo toleraría la gente la obligación de trabajar si fuera para evitar un castigo y no por conseguir la paga mensual?
Independientemente de si usas castigos o refuerzos, el condicionamiento clásico dicta las asociaciones que se van a formar. Si castigas a tu perro, tu perro empezará a asociar esos castigos contigo. De la misma forma, los refuerzos serán asociados a ti y harán más fuertes tus lazos con el perro. Si decides adiestrar a tu perro usando castigos siempre te quedará la duda de si realmente está trabajando por ti o por evitar las correcciones.
Se podría decir lo mismo del adiestramiento con comida o juguetes. Sin embargo los adiestradores tienen la opción de usar refuerzo variable - reforzar aleatoriamente para que los premios no sean predecibles. El refuerzo variable solo funciona con refuerzos. No se puede castigar unos errores con una corrección de correa y otros no, para que el perro aprenda, la corrección tiene que ser aplicada cada vez que ocurra el error. La creatividad y el ingenio son más costosos que las soluciones rápidas. Si todos los adiestradores eligieran inventar formas nuevas para reforzar a los perros todos lo perros y todos los adiestradores se beneficiarían. Los perros son amorales; nosotros no. ¿Quien tiene la obligación de intentar hacerlo mejor?
Si tu perro pudiera hablar ¿que crees que opinaría sobre como le estás enseñando? Ponerse en el lugar del perro puede hacernos comprender mejor y ser más conscientes del tipo y estilo de técnicas adiestramiento que estamos usando. Si este artículo te ha inspirado a intentar usar técnicas de adiestramiento diferentes y a lanzar una ofensiva de adiestramiento creativo, deberás estar preparado para algunos baches en la velocidad del adiestramiento. Las nuevas ideas sobre adiestramiento siempre tienen dificultades. Tanto tu personalidad como la de tu perro tendrán que adaptarse a las nuevas técnicas. Sabiendo de antemano que habrá un periodo de adaptación seguro que conseguirás perseverar y seguir intentándolo. Si al principio no tienes éxito, ¡inténtalo otra y otra y otra vez!
Fuentes:
Coercion and its Fallout by Murray Sidman.
Don’t Shoot the Dog by Karen Pryor.
So Your Dog is Not Lassie by Betty Fisher and Suzanne Delzio.
Behavior Problems in Dogs by William Campbell.
Train your Dog the Lazy Way by Andrea Arden.
Culture Clash by Jean Donaldson.
Dogs are from Neptune by Jean Donaldson.
The Man Who Listens to Horses by Monty Roberts
Purely Positive by Sheila Booth.
Excel-erated Learning: How dogs learn and how best to teach them by Pamela J. Reid.
“Of Hostages and Relationships” by Suzanne Clothier, www.flyingdogpress.com.
“The shocking truth about shock collars” Animal Behavior
site:www.apbc.org.uk/article2.htm.
Una versión de este artículo apareció previamente en Clean Run magazine, Marzo-Abril 2001.
Angelica Steinker, M.Ed. es una adiestradora motivacional propietaria de Courteous Canine, Inc., una escuela de adiestramiento especializada en comportamiento, resolución de problemas de conducta, adiestramiento con clicker y agility. Angélica tiene un Master’s Degree en counseling por la George Mason University y usa activamente teorías del comportamiento y aprendizaje en su trabajo con perros y sus dueños.
http://www.courteouscanine.com/opencall.shtml
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El collar Halti, también se llama ronzal o de cabestro. Lo denominaremos Halti por ser esta marca el que lo ha difundido (junto a Gentle Leader), y también por ser recomendable por su calidad.
Su concepto se acerca al de la cabezada de un caballo.
No podemos imaginarnos un caballo con un collar que le permita traccionar desde sus hombros, tipo petral. Nos arrastraría sin esfuerzo. Eso es lo que hacen los perros con collares de cuello.
En especial a los perros que los adiestradores llamamos “de cuello fuerte” (que no son otros que aquellos que, a fuerza de soportar mucha presión en su cuello, generalmente por ser adiestrados con técnicas tradicionales, se han insensibilizado en esta zona) y no les cuesta esfuerzo tirar desde sus hombros. Por eso los perros potentes y pesados, insensibles en su cuello deciden “ir a oler nosequé” y se llevan arrastrando a mamá, al niño o a la abuela, sin ningún esfuerzo.
El adiestrador tradicional, en estos casos, suele recomendar el collar de púas. No cuenta al cliente que, con seguridad, si el perro sigue “tirando de su cuello”, en pocas semanas, su insensibilidad volverá a ser la misma, con collar de púas y todo, y podrá volver a arrastrar a la abuela.
En general, el collar Halti se puede recomendar para todos los perros potentes, o ya viciados a otros métodos, pero en general es una herramienta muy útil y efectiva.
Funcionamiento. Físicamente, en la foto se deduce su funcionamiento.
Cuando el perro tira, dado que la musculatura sobre la que acciona el punto de sujeción de la correa es la del cuello, el tirón produce que su cabeza se acerque a nosotros y el resto del cuerpo se separe.
Además, tiene un ligero dinamismo de cierre en las tiras de la boca, lo que produce que haya una pequeña comunicación positivo-negativo sobre la acción de tirar-no tirar. Este movimiento, lejos de las sensaciones del tirón en un collar estrangulador, también abre y cierra, y esto ayuda a un rápido condicionamiento.
La tira inferior, únicamente sirve para soportar la anilla de sujeción, y fijar el Halti a su collar habitual (para que no se lo saque al traccionar hacia atrás).
Pros y contras. El collar Halti tiene, como todo, ventajas e inconvenientes.
Uno de las mayores ventajas, es que es mucho más fácil conseguir la atención del perro con ellos, además de no trabajar con fuerza física. El hecho de que el perro no pueda tirar es importante, sobre todo porque cuando tira, su cabeza se vuelve hacia nosotros. Por tanto, nos es muy sencillo captar su atención.
Podemos aprovechar más fácilmente las posibilidades de reforzar o comunicarnos, en especial en perros adolescentes, con captación de atención más difícil.
Lo más importante, dejan de tirar inmediatamente. O al menos, nos resulta mucho más fácil controlarlos que antes, sobre todo con perros que entrañan mucha dificultad en este sentido.
Uno de sus inconvenientes es que sus tiras pueden tender a producir rozaduras en perros sensibles de piel.
También les limita que son incompatibles con el uso de correas extensible, tipo Flexi. Si el perro llegase con velocidad al final de la correa, podría lesionarse en el cuello. Cuidado con esto. No se puede usar ni con cuerdas largas, ni con correas extensibles. Por lo demás, en un correcto uso, son muy seguros y no se conocen lesiones más que en los supuestos que detallamos.
Otro inconveniente, motivación de la idea de escribir este artículo, es que requieren una correcta habituación. Son muchos los compradores de estos collares que a los pocos días desechan su uso, por lo haberlos habituado correctamente.

Habituación a su uso. La duración de las fases depende de cada perro, pero podemos pasar a una fase superior cuando comprobemos que su comportamiento ante el material es natural y confiado.
Presentación del material. Empiezo reforzando con pequeños trocitos de Frankfurt para que el perro nos permita colocárselo. Le condiciono a que me coja un pequeño premio a través de las tiras del Halti. Un par o tres de veces al día, durante 4 o 5 días, dependiendo del perro. Enseguida empieza a ser un juego para el perro.
Colocación sin correa. Cuando ver el Halti y coger la comida notando las tiras en su hocico es natural para él, se lo coloco únicamente en el momento en que el perro come su ración diaria. Normalmente no pone problemas para soportar llevarlo mientras come. De hecho, lo asocia al momento de comer y suelen colaborar bastante a la tercera o cuarta repetición, al ponérselo para comer. Inmediatamente que ha acabado de comer, lo quito. Este proceso puede durar unos días más. También podemos aprovechar posteriormente a ponerlo cuando juguemos con pelota o motivador, sin atarlo a la correa. Así, progresivamente, intento que en ciertos momentos del día, sin atarlo a ninguna correa, se acostumbre de forma natural, desde el primer momento, a sentir la sensibilidad del collar, mientras efectúa ejercicios positivos.
Habituación a la correa. La colocación correcta, al principio, es la que veis en la foto. Entendemos que ya ha pasado las fases en que es un problema colocárselo. Entendemos que en este momento, llevarlo es algo natural para él. Si esto no es así, deberemos trabajar aún en las dos fases anteriores, y si hemos de comenzar de nuevo, podemos hacerlo. Este punto ha de estar claro antes de enganchar a una correa la anilla de sujeción del Halti. Evidentemente, nos será casi imprescindible comprar una correa de adiestramiento, de las que llevan mosquetones en las dos puntas, y tiene un largo de 1,80 o 2 metros.
En el caso de que el perro tire, deberemos aguantarlo de la mano derecha, no vamos aún a dejar que el Halti trabaje. Debemos estar un par de días aún, llevándolo como siempre hemos hecho, del collar. Por tanto, nunca debemos en esta fase dejar que la mano izquierda (la que soporta el Halti) se tense, es imprescindible que la correa que soporta al Halti vaya siempre destensada. Pasearemos por la calle de esta forma, con una pieza de la correa en cada mano, y dejando que, cuando el perro no tira, sienta que está llevado por el Halti, y cuando tira, lo soporta su collar de siempre.
Con el paso de las sesiones de práctica, poco a poco iremos trabajando más con el Halti y menos con el collar (más con la mano izquierda y menos con la derecha), y cuando el Halti deba actuar deteniendo al perro, aprovecharemos para darle un refuerzo positivo (premio, trocito de Frankfurt, etc.). Aunque parezca lo contrario, no estaremos reforzando que el perro tira, estaremos reforzando que cuando el Halti actúa, sucede algo positivo. Entendemos que en este punto, ya estamos suprimiendo casi totalmente el trabajo con el collar (casi no hemos de accionar la mano derecha).
Poco a poco, podremos conseguir que únicamente colocaremos la correa en la anilla del Halti, y podemos pasear con él sin problemas, siempre reforzando en los momentos en que lo creamos necesario, con algún pequeño trocito de premio apetitoso.
Si llegamos a este momento con éxito, podremos enseñar muy fácilmente a que el perro camine junto a nuestro lado, siguiendo los parámetros que se explican en el artículo
TÉCNICA DEL GIRO EN U PARA QUE EL PERRO NO TIRE DE LA CORREA
publicado en ésta misma web.
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Las competiciones de flyball
El flyball se inventó hacia fines de los años setenta. Según cuenta la leyenda, el organizador de la primera exhibición fue Herbert Wagner, durante el “Johnny Carson Show”, en California, ante millones de espectadores norteamericanos. Desde principios de la década del ochenta, este deporte se hizo muy popular y se comenzaron a organizar competiciones oficiales en toda América del Norte. En 1984, los profesionales de este deporte canino crearon la “North America Flyball Association” (NAFA), que representa actualmente la autoridad y la referencia mundial en materia de flyball. En Gran Bretaña este deporte tardó más en desarrollarse. La primera competición se organizó en 1991. La British Flyball Association se fundó sólo en 1993, siguiendo el modelo de la NAFA. Al igual que su predecesora, tiene por objeto establecer un reglamento y patrocinar el conjunto de las competiciones oficiales.
Si bien el flyball se ha difundido mucho durante estos últimos veinte años en los países anglosajones (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia), en Francia aún no se reconoce como deporte y se lo considera más bien como un juego que los clubes caninos proponen a los propietarios de perros.
El principio del flyball es simple. Se trata de una carrera de relevos en la cual dos equipos de cuatro o más perros se enfrentan, recorriendo dos circuitos idénticos paralelos. En orden, cada uno de los perros debe llevar una pelota a su guía para poder pasar el relevo.
El recorrido de flyball
Sobre el terreno se encuentran tres elementos importantes:
– una línea que sirve de partida y de llegada
– cuatro vallas idénticas, cuya altura debe estar comprendida de manera obligatoria entre 25,4 y 45,7 cm (en función de la altura a la cruz del perro más pequeño del equipo). Esta vallas están separadas entre ellas por una distancia de 3,05 m. La primera se coloca a 1,83 m de la línea de partida y la última, a 4,5 m de la caja.
– una caja de flyball, que contiene un dispositivo de resorte que permite que el perro haga salir mediante pedales una pelota de tenis.
En los países en los que el flyball se practica regularmente (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Bélgica), se han inventado diferentes tipos de cajas especialmente adaptadas a esta especialidad. Las cajas que se utilizan con mayor frecuencia en estos países tienen la parte de adelante curva, lo que permite que el perro gire mucho más rápidamente mientras atrapa la pelota, como lo hacen los nadadores.
Desarrollo de las pruebas
En las competiciones oficiales, se colocan los dos primeros perros de cada equipo delante de la línea de partida. Cuando el juez da la señal, los dos perros se lanzan, saltan las cuatro vallas sucesivas y, al llegar a la caja, aprietan el pedal para hacer salir la pelota, que atrapan en el aire para perder el menor tiempo posible, y vuelven hasta sus respectivos guías, saltando nuevamente las cuatro vallas en sentido inverso y transportando la pelota. una vez que han atravesado la ultima valla, pasan el relevo y el segundo perro de cada equipo se lanza, a su vez, a recorrer el circuito.
El cronómetro se detiene una vez que el último concursante del equipo ha atravesado la línea de llegada.
El flyball es una verdadera prueba de velocidad. Los mejores perros tardan menos de 20 segundos en recorrer el circuito. El récord mundial actual es de 16,7 segundos.
Las ventajas del flyball
Este deporte posee numerosas ventajas que han contribuido seguramente a su éxito en los países anglosajones.
En primer lugar, el flyball está abierto a todos los perros, cualesquiera que sean sus orígenes, razas o tamaños. A diferencia del agility, el guía no necesita correr al lado de sus perros, lo que hace que este deporte sea accesible a las personas de edad y a los discapacitados.
Se trata de un juego simple y poco técnico, que no necesita prácticamente ningún adiestramiento, dado que el perro está sometido más bien a un condicionamiento. Lo más difícil es enseñar al perro a apretar el pedal que hace salir la pelota.
El flyball brinda al propietario un medio para mejorar la relación que mantiene con su perro y a éste, la posibilidad de realizar un mínimo de ejercicio físico. Se trata de una actividad lúdica, simpática y entretenida, que se puede practicar fácilmente en medio urbano.
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Written by Virginia Gallego
Monday, 14 May 2007
Los siguientes consejos pueden servirte para evitar que tu perro sufra cuando se queda solo en casa.
Tu nuevo cachorro necesita muchas atenciones (compañía, educación y juego) pero también que le enseñen a entretenerse solo y a disfrutar del tiempo cuando se quede solo en casa. Si no, el vacío social en casa puede resultar un lugar muy solitario.
Es de esperar que los cachorros y los perros desarrollen una serie de problemas de comportamiento, como hacer sus necesidades dentro de casa, mordisquear, escarbar o ladrar continuamente, si les damos demasiada libertad y les vigilamos poco durante sus primeras semanas en casa.
Los cachorros y los perros recién adoptados pueden volverse excesivamente dependientes de sus propietarios si se pasan demasiado tiempo “pegados” a ellos durante los primeros días en casa.
Los perros demasiado dependientes normalmente sufren ansiedad cuando se quedan solos en casa e intentarán adaptarse al estrés de quedarse solos dedicándose a las actividades típicas de los perros (mordisquear, escarbar, ladrar…) lo que no tardarán en convertirse en problemas de comportamiento en ausencia del propietario. ¿Y que otra cosa podrían hacer? Los perros con un nivel excesivo de estrés pueden llegar a desarrollar algún comportamiento maniático y pasarse el día dando vueltas en círculo, caminando inquieto o jadeando.
UN SITIO ESPECIAL
Los perros son animales salvajes y les gusta tener su propia “guarida”. Un lugar privado donde estar tranquilo, mordisquear huesos o incluso echarse una siesta. Una buena “guarida” podría ser una jaula de transporte, con una cama dentro. Esta jaula puede ser de gran ayuda para la educación de nuestro perro.
Aparte de su función evidente para transportar al perro en coche o avión, podemos utilizar la jaula para guardar a nuestro perro durante períodos cortos de tiempo mientras no podemos atenderles. De esta manera evitar problemas, que haga sus necesidades dentro de la casa, mordisquee con energía o escarbe cuando no debe. Además el transportín se puede usar específicamente para enseñar a nuestro perro buenas costumbres de conducta higiénica, a establecer la costumbre de mordisquear los juguetes difíciles de romper (tipo kong), para reducir los ladridos excesivos, prevenir que escarbe en el jardín y para aumentar su confianza y su tranquilidad. Para empezar, cuando estés en casa, guarda a tu perro de vez en cuando en el transportín durante “pequeños momentos de calma” para enseñarle buenos hábitos higiénicos y para que vaya ganando confianza. Con el tiempo tu perro aprenderá a querer disfrutar al máximo de corretear por casa tanto si estás tú como si no.
ENSEÑA A TU PERRO A DISFRUTAR DE SU GUARIDA
Una jaula para un perro no es muy distinta de un parque de juegos infantil o de una habitación pequeña. Lo primero que debemos hacer es enseñar al perro a disfrutar al máximo de su jaula y a querer pasar tiempo en ella. Mete toda una ración de su comida diaria dentro de un juguete para morder (tipo kong), átalo a la puerta de la jaula y deja la puerta abierta para que el pero entre y salga cuando quiera. Premia a tu perro cuando esté mordisqueando el juguete y vigílalo si sale de la jaula. Cuando el perro lleve dentro un buen rato mordisqueando el juguete puedes probar a cerrar la puerta. Pon su segunda ración de comida dentro del juguete, mete dentro de la jaula el juguete para morder relleno y cierra la puerta dejando al perro fuera. En cuanto veas a tu perro intentando abrir la jaula para coger su comida, déjale entrar y cierra la puerta cuando entre.
A partir de ahora dale a tu perro juguetes para mordisquear siempre que esté en su jaula. Pronto aprenderá que estar en su jaula es algo bueno, suelen ser períodos cortos y lo pasa bien.
ENSEÑA A TU PERRO A ENSEÑARESE A SI MISMO
Cuando estés en casa mete a tu cachorro de vez en cuando en su jaula con varios juguetes para morder rellenos de comida y golosinas. Meter a un perro en su jaula con uno de estos juguetes es como meter a un niño en una habitación sólo con un videojuego. Esto se llama auto moldeado. Lo único que tienes que hacer es crear la situación, y tu perro se educará a si mismo automáticamente. Cada trozo de comida que consiga sacar del juguete le reforzará el hecho de mordisquear ese tipo de juguete y le mantendrá calmado y en silencio. Tu perro pronto se convertirá en un adicto a los juguetes rellenos y apenas tendrá tiempo para pensar en mordisquear lo que no debe, para ladrar o para escarbar. Y si está felizmente absorto mordisqueando su juguete, se impacientará menos.
CONDUCTA HIGIÉNICA
También podemos utilizar la jaula para predecir los momentos en que nuestro perro necesita hacer sus necesidades. En general si está dentro de la jaula durante períodos de tiempo cortos (una hora o menos) y regulares, inhibirá sus ganas de eliminar. Esto significa que querrá hacerlo en cuanto pase una hora y le saquemos para llevarle a su zona de evacuación, donde le premiaremos efusivamente con un montón de golosinas y caricias. No obstante, no podemos dejarle encerrado durante más de una hora hasta que no esté perfectamente entrenado para ello, ni tampoco dejarle metido mientras estamos fuera de casa, ya que le estaremos obligando a “ensuciar” su cama. De momento, hasta que no esté completamente educado, podemos dejarle en una zona especial para periodos largos (más información en el artículo sobre la conducta higiénica).
LOS PERROS QUE SE QUEDAN SOLOS EN CASA NECESITAN ENTRETENERSE
La consideración más humana que podemos tener con un cachorro que acaba de entrar en la familia es prepararle para adaptarse a los inevitables períodos de soledad en casa y enseñarle a ocupar su tiempo durante estos momentos. Todos los perros necesitan algún tipo de terapia ocupacional. Disfrutar mordisqueando un juguete relleno de comida es la solución más fácil y agradable. Los perros son crepusculares (más activos al amanecer y al atardecer) por lo tanto es más fácil enseñarles a permanecer tranquilos durante el resto del día.
Los primeros días y semanas de un perro en una casa nueva debemos meterle de vez en cuando en su jaula con juguetes rellenos.
Prepara a tu perro para tu ausencia mientras estás presente. Cuando estás en casa es más fácil controlar el comportamiento de tu perro cuando le metes en su jaula varias veces al día un ratito. La primera impresión que asimila tu cachorro de una rutina diaria fija creará una base aceptable y agradable para el futuro. Recuerda que cuando tu perro haya ganado seguridad en si mismo, independencia y esté completamente educado, podrá disfruta de plena libertad por toda la casa y por el jardín el resto de su vida.
Para enseñar a tu perro a permanecer tranquilo y a no ladrar constantemente necesitarás una jaula, unos cuantos juguetes rellenos de comida y unas cuantas golosinas para perros.
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Virginia Gallego
virginiagallego@pdtspain.com
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LA TEORIA DEL LIDER MACHO
por Ian Dunbar, 1989
La estructura social de los perros domésticos siempre se describe en términos de una jerarquía dominante, en la cual el perro líder, o “alfa”, domina sobre todos los de mas miembros de menor rango; el de segundo rango está subordinado al líder , pero domina al resto de los miembros también y así sucesivamente. Por cierto, son creencias populares:
1. el rango se establece y mantiene por medio de la fuerza física y el dominio.
2. entre mas dominantes, más agresivos (por ejemplo, los rangos mas altos).
3. el perro más dominante , es el más agresivo. Además se asume que los perros que frecuentemente amenazan, gruñen, pelean y muerden, son siempre alfas.
La mayoría de las aseveraciones anteriores son totalmente erróneas y fuera de contexto. No únicamente traiciona sino que es, teóricamente una visión muy simplista de una de las estructuras sociales mas sofisticadas; además, dichas nociones tienden a ser contraproducentes , inhumanas y peligrosas cuando son cabalmente extrapoladas al entrenamiento canino, o al tratamiento de problemas de comportamiento.
RANGO SOCIAL Y AGRESIVIDAD:
Generalmente se asume que los rangos más altos se correlacionan con el grado de agresividad. En realidad, un líder gruñón o violento, raramente es encontrado. Los lideres raramente son gruñones o violentos – casi nunca necesitan ser así !. El verdadero líder canino es un individuo seguro y confiado de su posición privilegiada y no tiene la necesidad ser nervioso ni de encolerizarse para asegurar su rango. En las palabras de la psicóloga Dr. Linda Carlson: ” si lo tienes , no tienes necesidad de ostentar”. Un verdadero perro líder comparte un juguete, un hueso un lugar para dormir, en vez de pelear por ellos. Por otro lado, los perros inferiores raramente se gruñen tampoco . La primer regla para un miembro de rango bajo es mantenerse con un perfil bajo. Ladrar y gruñir, solo consiguen una atención indeseada y si se convierte en pelea, el perro de menor rango ciertamente perderá.
Un perro líder, tiene poca necesidad de amenazar, un perro de menor rango estaría loco si lo hiciera. Sin duda, los gruñidos excesivos y las peleas frecuentes son indicativos de una inseguridad escondida e incertidumbre acerca del rango social , en relación con los otros perros. Dentro de un grupo social las actitudes tempestuosas y agresivas, son características de las jerarquías medias. Los perros de rango medio , amenazan y pelean mas frecuentemente que el de mas alto rango (o inclusive, que los de mas baja jerarquía). Con el advenimiento de una nueva camada en la escena social, no es raro que el perro de mas bajo rango se convierta en un ultra líder con los cachorros, mientras mantiene su mas bajo perfil con los otros adultos, el “ex” de menor rango, puede explayar su mas alto poder con actitudes altivas: implacables peleas o discusiones con los cachorros y adolescentes (sobretodo los machos) mediante miradas fijas, acechos , persecuciones, ladridos y gruñidos. Una vez que el perro de menor rango asume su responsabilidad en la retaguardia, los otros machos adultos (o próximos a serlo) casi nunca molestan a los mas jóvenes y casi siempre la atmósfera social se hace mas relajada y menos tensa.
SUBORDINACION DE LAS JERARQUIAS
Cuando el panorama de una jerarquización exitosa es vista dentro de un contexto de desarrollo, viene a ser patente que la ” subordinación de las jerarquías” es mas un término descriptivo en la estructura social canina. La premisa fue sugerida primeramente por el primatólogo Dr. Thelma Rowell. El mantenimiento de una jerarquización existente depende de los subordinados, con respecto a los individuos de mas alto rango. El estatus se mantiene debido a que los individuos de menor rango casi nunca retan la autoridad o lo hacen de manera muy ocasional; si es necesario reforzar el rango mayor, lo hacen mediante lenguaje corporal o mas bien con dominio Psicológico.
DESARROLLO DE LAS JERARQUIAS.
Creciendo rodeados de cachorros mayores, de perros adolescentes y adultos , los cachorrillos simplemente no pueden competir en la escena social, en vista de su pequeño tamaño, de su pequeño físico y menor fuerza psicológica. Entonces, los cachorrillos aprenden su lugar, antes de convertirse en lo suficientemente grandes y fuertes para amenazar el orden establecido. La mayoría de los adultos son muy tolerantes con los cachorros hasta que llegan a la adolescencia, en donde los adultos (los machos especialmente) los persiguen de manera implacable, se paran sobre ellos y les gruñen (sobre todo a los machos). Aún así, el acoso de un perro adulto es mas psicológico que físico. Sería perversamente “sub socializado”, un perro adulto que agrediera físicamente a un cachorro.
No obstante, durante ese desarrollo crucial de jerarquías, los jóvenes cachorros y los adolescentes son extremadamente intimidados por el incesante acoso, y consecuentemente aprenden a responder con gestos exagerados para calmar el tormento inflingido por sus mayores. Mas aún, los cachorros y los adolescentes rápidamente aprenden que las molestias que les provocan los mayores pueden ser prevenidas tomando la iniciativa y demostrando sumisión antes de ser acosados. Estas actitudes sumisas comprenden: retiradas sumisas, aproximaciones con las orejas echadas hacia atrás, gesto facial de sumisión, cola entre las patas con meneo. Los más jóvenes manosean la faldilla y lamen el hocicos de un perro mayor. (el manoseo infantil, así como las lamidas en el hocico solicitando comida a sus compañeros, ahora tienen un nuevo significado, y son practicados como gestos apaciguadores en los adolescentes y perros adultos). Además, los perros de menor rango se tiran y elevan una pata mostrando su zona inguinal. Algunos orinan de manera sumisa. (los perros adultos pueden determinar la edad de un cachorro o adolescente oliendo la orina de los mas jóvenes).
De aquí en adelante, para mantener la armonía de la escena social, los perros de mayor rango únicamente necesitan castigar a aquellos individuos que no muestran respeto voluntario en su presencia. Aún esto, usualmente lo hacen con nada más que una mirada penetrante.
MANTENIMIENTO DE LAS JERARQUIAS.
Tanto las peleas como el dominio físico raramente juegan un papel importante en el mantenimiento de las jerarquías. Por el contrario, la función mayor de la estructura jerárquica es disminuir la cantidad de peleas. Una vez establecida , la jerarquización provee muchas de las respuestas antes de que los problemas surjan. Por ejemplo, donde existen dos perros pero únicamente un hueso, de antemano se conoce cual es el propietario, no existe nada por qué pelear. Problemas potenciales son de manera similar predecibles en jerarquías humana establecidas. Por ejemplo, en una jerarquización bien establecida , el problema de un solo lugar de estacionamiento y dos automóviles (el Roll’s del director ejecutivo y el Ford Scort del asistente de la gerencia de ventas; realmente no es un gran dilema. Sin embargo, si se trata del automóvil del gerente de ventas quien maneja un Jaguar, y el asistente de la gerencia de ventas y maneja un VW…..). Quiero decir, quien en su sano juicio , se estacionaría en el lugar del jefe. Nadie lo haría, por lo tanto no hay problema.
Es similar en los perros. El malentendido acerca de la relación que existe entre rangos, dominio y agresión, tienden a exacerbar problemas de peleas, las cuales son el producto de falta de socialización y de la mezcla de perros adultos socialmente mal preparados. Además, las nociones erróneas del comportamiento canino que tienden a adoptar propietarios de machos lideres, quienes estimulan e incitan a sus perros a gruñir, para creer que poseen perros muuuuuy malos!. Esta clase de personas (generalmente barones adolescentes d
e 13 a 59 años de edad ), que visten un solo guante negro y poseen un perro macho de la media docena de razas que conocen, las cuales no me molestaré en mencionar (pudiera provocar un poco de dolor en la clase), en algunas ocasiones es posible ponerlos al tanto con un comentario/insulto como: “que gran perro! Que lástima que sea tan gruñón. Bueno, por cierto, podemos afianzar su confianza y convertirlo en un perro líder. Porque los perros líderes no gruñen tu sabes, no necesitan hacerlo”. Nunca dejaré de sorprenderme de cuantos idiotas potenciales existen , o de hecho, cuantos irresponsables lo han hecho de esta forma.
Desafortunadamente el daño real del concepto “alfa” del dominio físico, descansa en su cuestionable extrapolarización hacia el entrenamiento canino. En vez de ser educativo, mucho de los llamados “métodos de entrenamiento” , son precisamente contrarios a los derechos de los animales si no es que abusivos; en ocasiones los perros son vistos como enemigos, en vez de verlos como nuestro mejor amigo. Muchos de los juegos, gestos de bienvenida y temor son malinterpretados como el inicio de una agresión, otorgando al propietario que no piensa, de una excusa muy conveniente para abusar del perro , bajo la apariencia de “entrenamiento”.
Por ejemplo, mordiscos, pilo erección, gruñidos, y la elevación de los labios son frecuentemente interpretados como signos de dominio, mientras que son de hecho mas frecuentemente, signos de miedo ( muy probablemente como producto directo de una persona golpeando a un pobre perro). De manera similar, los propietarios son advertidos que el marqueo con orina , abalanzarse sobre la gente , robar comida, los saltos y el prolongado contacto visual, son signos de dominio, por lo cual el perro debe ser castigado. Algunos son consejos erróneos y de significados confusos que tratan de quitar la diversión al propietario del perro. En mi libro:
- El perro que orina dentro , necesita ser entrenado
- El perro que se monta en la gente : a)necesita ser instruido para que desista y b) requiere de presentación social con otro cuadrúpedo.
- El perro que roba comida : a) esta desesperado por tener un dueño que le quite la comida de enfrente y b) requiere la presentación de mi juguete de trapo favorito.
- El perro que salta , simplemente requiere la enseñanza del comando “sentado” cuando llega gente.
- El perro que juega con el truco del contacto visual, necesita que se le enseñe: a) que el contacto visual con humanos no es amenaza, b) que desvíe la vista o vea sus patas bajo comando y c) a mirar de manera cariñosa a su comprensivo amo.
Ciertamente, necesitamos controlar a los perros (pero se requiere control mental, no dominio físico). Aun con la experiencia previa, los “manejadores” de perros de mediano rango pueden estar sujetos a jaloneos, colgadas, tiradas al piso, y / o pelear con el perro hasta que se humille…. cual es el punto de ganar una batalla si se pierde la guerra? Que ventaja posible existe en convertir un perro “dominante” en uno miedoso? Ambos son inútiles como compañeros o como perros de trabajo. Yendo más lejos, la mayoría de las correcciones físicas están mas allá de las capacidades físicas y mentales sino de todos, sí de algunos entrenadores. Y así, ¿porque aconsejar a propietarios novatos a entrar en un competencia física a la que están destinados a perder?. De hecho, porque abusar del perro, cuando es posible conseguir el mismo fin utilizando el cerebro en vez de la fuerza? Porque tratar de caminar sobre el Atlántico, cuando puedes tomar un avión.
Nosotros recomendamos métodos de entrenamiento que son efectivos y descansan en las capacidades del promedio de propietarios de perros, incluyendo mujeres, niños y los mayores. Si hemos aprendido algo estudiando del comportamiento canino… los propietarios deben establecer control en un contexto de desarrollo, mientras el perro siga siendo un cachorro. En vez de llevar al perro a la sumisión, es mucho mas fácil convencerlo de que se una al equipo, de manera que disfrute el vivir con nosotros , en vez de pelear contra nosotros.
Ian Dumbar Ph. D., BVetMed, MRCVS
Derechos reservados 1989 Ian Dumbar
Traducido y Reproducido con permiso de su autor









