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Podeis ver el artículo completo aqui…
A. Luescher
Department of Veterinary Clinical Sciences, Purdue University, West Lafayette, Indiana, USA.
Introducción
La experiencia nos ha mostrado que perros y gatos sanos, así como otras especies, mantenidas en cautiverio pueden
desarrollar conductas anormales. Estas conductas se caracterizan como anormales porque están llevadas a cabo fuera de
contexto, son exageradas y están dirigidas hacia estímulos no naturales u objetos y son seguidamente repetidas de una manera
constante. Como ejemplo se enlista la Tabla 1.
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Tratamiento de los Problemas de Comportamiento en Perros y Gatos
(’Treatment of Behavior Problems in Dogs and Cats’)
Henry R. Askew
Munich, 1996. Editorial Blackwell Science
Capítulo 10. Agresión por Dominancia hacia miembros humanos de la familia
Como muestra el gráfico 10, en un estudio con 147 casos de perros que mostraban agresión
severa hacia humanos, más de la mitad mostraron agresión hacia miembros de la familia
(agresión intra grupo). Y como muestra el gráfico 10.2, aproximadamente en el 72% de ellos
se trataba de agresión competitiva por dominancia, o lo que es lo mismo, agresión por
dominancia. En conjunto, 56 de los 147 perros (aproximadamente el 38%) mostraron esta
forma de agresión en un grado de moderado a severo - un porcentaje sustancialmente más
elevado que el 23.3 y 19.6% de las cifras citadas por Borchelt y Voith (1986). Cincuenta y uno
de estos perros eran machos (aproximadamente el 91%, lo cual concuerda con las cifras de
Borchelt y Voith).
La Agresión por Dominancia hacia miembros de la Familia siempre ocurre en una o en ambas
de las situaciones siguientes:
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A quien conmigo va…
Escrito por Don Antonio Gala /
Yo no creo haber hecho nada malo esta mañana… Me parecieron todos muy nerviosos. Iban y venían por los pasillos, esquivándose unos a otros. Ella le gritaba a la madre de él, y los dos niños, con las manos llenas de cosas, entraban en el dormitorio de los padres, que yo tengo prohibido. La pequeña (la más amiga mía) chocó contra mí dos o tres veces. Yo le buscaba los ojos, porque es la mejor manera que tengo de entenderlos: los ojos y las manos. El resto de su cuerpo ellos lo saben dominar y, si se lo proponen, pueden engañarte y engañarse entre sí; pero las manos y los ojos, no. Sin embargo, esta mañana mi pequeña no me quería mirar. Sólo después de ir detrás de ella mucho tiempo, en aquel vaivén desacostrumbado, me dijo: “Drake, no me pongas nerviosa. ¨No ves que nos vamos de veraneo, y están los equipajes sin hacer?” Pero no me tocó ni me miró.
Yo, para no molestar, me fui a mi rincón, me eché encima de mi manta y me hice el dormido. También a mí me ilusionaba el viaje. Les había oído hablar días y días del mar y de la montaña. No sabía con certeza qué habían elegido; pero comprendo que, en las vacaciones (y más en éstas que son más largas que las otras dos) mi pequeña podrá estar todo el día conmigo. Y lo pasaremos muy bien, estemos donde estemos, siempre que sea juntos… Tardaron tres horas en iniciar la marcha. Fueron bajando las maletas al coche, los paquetes, la comida (que olía a gloria) y los envoltorios del último momento. Yo necesitaba correr de arriba abajo por la escalera, pero me aguanté. Cuando fueron a cerrar la puerta, eché de menos mi manta. Entré en su busca; me senté sobre ella; pero él me llamó muy enfadado -Drake, venga!, y no tuve más remedio que seguirlo. Mientras bajaba, caí en la cuenta de que, en el lugar al que fuéramos, habría otra manta. Ellos siempre tienen razón.
Los tres mayores, mi pequeña, su hermano y yo… Era difícil caber en aquel coche, tan cargado de bultos; pero estábamos bien, tan apretados todos. Yo me acurruqué en la parte de atrás, bajo los pies de los niños. La madre de él se sentó en un extremo, que suele ser su sitio, y todavía no se le habían olvidado las voces de ella, porque no decía nada; sólo miraba las calles y la luz, que era muy fuerte, a través del cristal… Los niños se peleaban con cualquier pretexto esta mañana; seguían muy nerviosos. Yo sufrí sus patadas con tranquilidad, porque sabía que no iban a durar y porque era el principio de las vacaciones. Cuando, de pronto, el niño le dió un coscorrón a mi pequeña, yo le lamí en cambio las piernas con cariño; pero ella me dió un manotazo, como si la culpa hubiera sido mía. La miré para ver si sus ojos me decían lo contrario. Ella, mi pequeña quiero decir, no me miraba.
Fue cuando ya habíamos perdido de vista la ciudad. Él se echó a un lado y paró el coche. Los de delante daban voces los dos; no sé si porque discutían o por qué. La madre de él no decía nada; ya antes había empezado a decir algo, y el la cortó con muy malos modales. Tampoco los niños decían nada… Él, bajó del coche y cerró de un portazo; le dió la vuelta; abrió la puerta del lado de los niños, y me agarró por el collar. Yo no entendí. Quizá quería que hiciese pis, pero yo lo había hecho en un árbol mientras cargaban y disponían los bultos. Me resistí un poco, y él, con mucha irritación y voces, tiró de mí. Me hizo daño en el cuello. Me bajó del coche. Empujó con violencia la puerta, y volvió a sentarse al volante. Oí el ruido del motor. Alcé las manos hacia la ventanilla; me apoyé en el cristal. Detrás de él vi la cara de mi pequeña con los ojos muy redondos; le temblaban los labios… Arrancó el coche, y yo caí de bruces. Corrí tras él, porque no se daban cuenta de que yo no estaba dentro; pero aceleró tanto que tuve que detenerme cuando ya el corazón se me salía por la boca… Me aparté, porque otro coche, en dirección contraria casi me arrolla, Me eché a un lado, a esperar y a mirar, porque estoy seguro de que volverán por mi… Tanto miraba en la dirección de los desaparecidos que me distraje, y un coche negro no pudo evitar atropellarme… No ha sido mucho: un golpe seco que me tiró a la cuneta… Aquí estoy. No me puedo mover. Primero, porque espero que vuelvan a este mismo sitio en el que me dejaron; segundo, porque no consigo menear esta pata. Quizá el golpe del coche negro aquel no fue tan poca cosa como creí… Me duele la pata hasta cuando me lamo. Me duele todo… Pronto vendrá mi pequeña y me acariciará y me mirará a los ojos. Los ojos y las manos de mi pequeña nunca serán capaces de engañarme. Aqui estaré… Si tuviese siquiera un poco de agua: hace tanto calor y tengo tanto sueño… No me puedo dormir. Tengo que estar despierto cuando lleguen… Me siento más solo que nadie en este mundo… Aquí estaré hasta que me recojan. Ojalá vengan pronto.
Antonio Gala, Junio de 1991
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Written by Angélica Steinker, M.Ed. CAP2, CDBC, C.C.B.C.
Traducción del artículo (Open Call for Creativity) por Carlos García-Rico
El propósito de este artículo es animar a los adiestradores a que estén abiertos a experimentar con distintas técnicas lúdicas y motivacionales. El propósito no es censurar el uso del castigo, sino hacer pensar sobre su uso y animar a los adiestradores a encontrar métodos alternativos para adiestrar a sus perros.
En este artículo, el término castigo se refiere tanto a castigo positivo como negativo, y el término refuerzo se refiere a refuerzo positivo. Castigo positivo es cuando añades algo al entorno del perro que disminuye determinado comportamiento. Castigo negativo es cuando retiras algo que el perro quiere para disminuir un determinado comportamiento.
El castigo nos resulta familiar
Algunas partes de este artículo puede que sean difíciles de leer. El tema del castigo es un asunto delicado. Es delicado porque todos hemos experimentado el hecho de ser castigados y todos hemos castigado alguna vez. Porque sabemos que el castigo es desagradable, nos resulta incómodo pensar sobre cómo lo usamos exactamente.
Todos sabemos lo que es recibir un castigo. La mayoría de nosotros ha recibido una multa por exceso de velocidad o por aparcamiento indebido. Todos nosotros fuimos castigados de alguna manera cuando estábamos creciendo y nuestros padres nos enseñaban comportamientos adecuados. Debido a estas experiencias sabemos que los castigos no son divertidos para la persona que los recibe. Sin embargo, el castigo nos resulta familiar. Como personas y como adiestradores tendemos a recurrir a lo que nos resulta familiar ya que es mucho más fácil utilizar algo que nos resulta familiar que dar con ideas nuevas. Eso puede hacer que pasemos por alto otras técnicas de adiestramiento efectivas, porque nos encerramos en lo que ya conocemos y ya sabemos cómo hacer.
El hecho de saber lo que se siente al ser castigado puede provocar que nos avergoncemos de usar castigos en el adiestramiento o en el trato con otras personas. Es importante ser consciente de esto, y entender que esta vergüenza puede hacer que sea difícil leer algunas partes de este artículo.
El castigo engendra castigo
El castigo es popular. En nuestra sociedad estamos rodeados de él. Los directivos lo utilizan para controlar a los empleados. Los profesores lo usan para erradicar los comportamientos incorrectos en clase. La policía lo usa para erradicar los excesos de velocidad y otras violaciones de la ley más graves. La sociedad lo usa en un intento de controlar a los criminales. Los ejemplos son incontables. Incluso en lo más íntimo de las relaciones personales, el castigo está a la orden del día.
La sed de castigo parece estar impulsada por el deseo de control de las personas. La ironía es que la gente controla muy poco. El hecho de que casi nunca tengamos el control es la fuerza impulsora que está detrás de la necesidad de control.
Los mejores adiestradores caninos buscan la perfección. Es este deseo de perfección el que puede provocar el deseo de conseguir un control completo de sus perros. En la superficie este concepto de “control total del perro” suena muy bien. El adiestrador obtiene la obediencia total y el perro obtiene la recompensa. Sin embargo, invariablemente el perro cometerá errores. Estos errores chocan con el concepto de control total y pueden preparar el camino hacia el uso del castigo.
Cualquiera que haya tenido perro alguna vez podrá contarte muchas historias sobre como el control total no es posible. Hay perros que han sido entrenados hasta los más altos niveles de obediencia y que se han negado a sentarse en alguna circunstancia. Hay perros que no responden a la llamada cuando hay ardillas, y muchos otros ejemplos. La quimera del control total y el deseo de conseguirlo convierten el castigo en un imán para los adiestradores. Incluso algunos adiestradores de primera fila aseguran que el uso de collares eléctricos para adiestrar la llamada y prevenir la agresión puede ser apropiado. Ninguno de los dos problemas se resuelve usando collares eléctricos pero su uso se recomienda de todas formas. La respuesta a la llamada en un perro es el reflejo de la relación entre ese perro y su dueño, y de cuanto se ha adiestrado la llamada con distracciones severas. Tratar la agresión en perros requiere crear asociaciones positivas con otros perros, no asociaciones negativas.
Mientras que cada individuo es responsable de cómo elige adiestrar a su perro, la sociedad nos ha predispuesto a usar el castigo. El condicionamiento empieza en la escuela dónde los errores son marcados en rojo. Los adolescentes que están viendo una película en un cine abarrotado gritan “¡que timo!” si los efectos especiales están por debajo de lo que esperaban. Estamos condicionados a tener una visión láser para los errores. El hecho de que estemos condicionados para detectar los errores prepara el escenario para el castigo. Estamos programados para ver los errores, no los comportamientos excepcionales. Cuando un comportamiento excepcional pasa inadvertido o es da por supuesto la oportunidad de reforzarlo pasa de largo. Dejadme que lo diga otra vez: Cuando un comportamiento excepcional pasa inadvertido o es tomado por supuesto la oportunidad de reforzarlo pasa de largo. Este es un punto muy importante.
Otra dinámica emparejada con el castigo es la culpa. Cuando ocurren desastres o accidentes, hemos sido condicionados para localizar y castigar al individuo o entidad que tenga la culpa. Echar la culpa es muy autoreforzante. Echar la culpa es divertido, porque significa que la falta cometida es error de otra persona, así que otra persona sufrirá por ese error. El acto de culpar es la fuerza que subyace detrás del castigo; primero culpas, después castigas.
En el adiestramiento canino nuestro sistema de competición está basado por completo en la perfección. En obediencia todos los perros entran en el ring con una perfecta puntuación de 200. Los errores van substrayendo puntos y reduciendo la puntuación. En agility la meta son las carreras limpias, y conforme se ha hecho más competitivo este deporte, la meta se ha convertido en conseguir carreras limpias con giros muy cerrados. La perfección que los competidores persiguen es esquiva y, de nuevo, los adiestradores están predispuestos a ver los errores, buscar culpables, y castigar.
Tradicionalmente a un perro se le enseña atención—mirar a la persona—recompensando inicialmente el contacto visual y después castigando al perro por mirar a otro lado al añadir distracciones. La atención pasiva resultante y la postura sumisa de los perros entrenados con este método no es el ideal, pero no se quitan puntos por ello en competición. El adiestrador tendrá una buena actuación en el ring a pesar de la infelicidad del perro. Aunque la infelicidad del perro no puede ser demostrada, una postura sumisa y un movimiento débil de la cola dicen muchas cosas sobre el estado emocional de un perro. A pesar de su pobre estado de ánimo el perro puede ganar en el ring así que el uso del castigo ha sido reforzado.
Pero a mí me castigaban
Mientras estábamos creciendo todos experimentamos el castigo. Esto lleva a pensamientos a favor del castigo como “pero a mi me castigaban y yo he salido bien” No “salimos bien” debido al castigo, es una burda simplificación de un proceso altamente complejo. “Salimos bien” porque nos enseñan valores que están en línea con la mayoría de los valores de la sociedad. “Salimos bien” porque decidimos comportarnos de una manera decente. Los niños cuando son castigados raramente aprenden lo que sus padres pretendían. Un
niño que es castigado por decir una palabrota simplemente aprende a no decirla en presencia de sus padres. La verdadera intención del padre era erradicar el uso de palabrotas en cualquier situación y el castigo no consigue este fin. Esta misma dinámica del castigo es la que hace que un perro que es castigado por ensuciar la casa no comprenda lo que se le quiere enseñar y simplemente evite ensuciar en presencia del dueño. Este malentendido lleva obviamente a un caos en la educación del perro en cuestiones de limpieza. Como el perro no es adiestrado correctamente esto puede llevar a un incremento en el castigo si el dueño llega a la conclusión de que el primer castigo fue demasiado débil. Nace un círculo vicioso de castigos y el perro sigue sin haber aprendido a hacer sus necesidades donde debe.
El castigo es reforzante
Cuando un adiestrador castiga es reforzante para el adiestrador en varios sentidos. En primer lugar, el castigo provoca respuestas muy fuertes y evidentes en el perro así que el adiestrador percibe que tiene un efecto poderoso. El adiestrador que aplica el castigo se siente poderoso al castigar debido a la contundente respuesta del perro. Además, cualquiera que esté observando es fácil que se sienta impresionado por la dramática respuesta del perro. En segundo lugar, el adiestrador ha tomado la decisión de castigar; esto es gratificante y también reforzante para el adiestrador. Ser capaz de tomar decisiones sobre que comportamientos merecen castigo es una inyección de ego. En tercer lugar, si el adiestrador se sentía frustrado el castigo tendrá un efecto catártico. El mero hecho de aplicar el castigo ayudará al adiestrador a purgar sus sentimientos de frustración.
Frecuentemente se refieren al castigo como “lo único que funciona”. La razón de que sea “lo único que funciona” es que el adiestrador ha decidido no hacer el esfuerzo extra que supone encontrar el refuerzo adecuado que sería efectivo para ese perro en particular. Como he mencionado anteriormente, el castigo nos es familiar a todos. Los adiestradores tienden a usar técnicas con las que están familiarizados antes que idear alguna nueva. En otras palabras, han usado más el adiestramiento con castigos que el adiestramiento con refuerzos así que tienen más habilidades como castigadores que como reforzadores.
El castigo es reforzador para el adiestrador porque:
· Provoca reacciones poderosas en los perros, incluyendo las de los posibles e impresionados espectadores.
· Es una inyección de ego (sensación de poder).
· Hay un alivio de la frustración.
· No requiere ningún pensamiento creativo o solución creativa a un problema. Es más fácil que usar refuerzos.
Incluso si el castigo no es reforzante para el adiestrador puede serlo para el perro. Muchos perros prefieren asumir el castigo antes que ser ignorados. Para estos perros el castigo reforzará el comportamiento e incrementará la probabilidad de que vuelva a ocurrir.
Los adiestradores que usan castigos nunca estarán seguros de si lo han usado porque realmente era el último recurso o porque tienen detrás un historial de refuerzo en el uso del castigo.
Argumentos a favor del castigo
Los adiestradores que utilizan collares de castigo y correcciones de correa insisten en que un adiestramiento basado en correcciones es más rápido y más efectivo. Sin embargo, tanto el castigo como el refuerzo requieren una sincronización adecuada para ser efectivos. Para cada escenario de adiestramiento en el que uno de estos adiestradores optara por el castigo, se podría también elegir técnicas basadas en el refuerzo. Como el castigo es tan popular los adiestradores se han vuelto realmente buenos a la hora de aplicarlo. Los adiestradores con experiencia saben con que clase de castigo obtendrán los mejores resultados. En consecuencia muchos adiestradores carecen del conocimiento de cómo usar el refuerzo con creatividad. Es más fácil continuar usando las técnicas de castigo conocidas que imaginar “festines” de refuerzo. Esta es una razón por la cual algunos adiestradores piensan que es más rápido el uso de técnicas basadas en las correcciones. Para ellos es más rápido porque eligen no tomarse el tiempo necesario para aprender técnicas basadas en refuerzo que llevarían a los mismos resultados.
Tanto las correcciones como los refuerzos requieren una sincronización apropiada. Una corrección de correa a destiempo será inefectiva. Por ejemplo, durante un ejercicio de andar junto, el perro se adelanta – esta posición es incorrecta. El adiestrador lo ve pero accidentalmente da el tirón de la correa de estrangulamiento cuando el perro ya ha vuelto a la posición correcta. El perro queda confuso ya que las correcciones anteriores le habían dicho que andar junto estaba bien pero esta última corrección le ha dicho que está mal. Un perro sensible o independiente es probable que se cierre y deje de trabajar después de unas cuantas correcciones de correa aplicadas a destiempo. La puerta se ha abierto para culpar al perro. Se culpa al confundido perro por tener una actitud incorrecta.
Un refuerzo aplicado a destiempo también será confuso y carente de significado para el perro. Si un adiestrador está usando comida como refuerzo para enseñar al perro a andar junto, y por error le da una galletita cuando el perro no está en la posición correcta, también confundirá al perro. La diferencia es que es menos probable que un perro que ha sido recompensado con un criterio incorrecto deje de trabajar. Es lógico concluir que una galleta o una rascada en el ombligo a destiempo no son tan injustas como una corrección de correa en el momento incorrecto.
El castigo engendra contra-control
Nada es gratis. El uso del castigo tiene un precio. El castigo extremo provoca al parecer comportamientos aberrantes. Hace algunos años se dio un caso impactante de un elefante que “se volvió loco” y atacó a su domador y aplastó a algunos espectadores antes de ser abatido a tiros en la calle. Más tarde, se hizo publico que el adiestrador de este elefante había usado técnicas de adiestramiento crueles. En cualquier refugio de animales se pueden encontrar muchos ejemplos del comportamiento aberrante que provoca el castigo excesivo.
Los animales que son castigados toleran el castigo hasta un punto. Este punto es el umbral de castigo. Cuando se cruza este umbral el animal pasa directamente al contra-control. El contra-control es normalmente agresión. Entonces decidimos controlar este contra-control con el castigo final que es matar al animal. Cuando se trata de control, nada funciona mejor que matar.
El uso excesivo de refuerzos lleva a un camino con muchas bifurcaciones. El uso extremo del refuerzo puede lleva a muchos comportamientos dependiendo del conocimiento y la sincronización del adiestrador. Alguno de los comportamientos resultantes será deseado y otros indeseados. Independientemente de dónde nos lleve el camino, no existen casos de perros eutanasiados debido al exceso de alabanzas o a demasiadas galletitas a destiempo. Tanto el castigo extremo como el refuerzo extremo no reflejan prácticas de adiestramiento habituales. Sin embargo, es importante examinar tanto el exceso de castigo como el exceso de refuerzo ya que algunas personas toman la decisión de usar medidas extremas.
La figura inferior ilustra el espectro completo de las posibilidades de adiestramiento. En el extremo derecho tenemos adiestradores que utilizan sobre todo castigos y muy poco refuerzo. En el extremo izquierdo
tenemos adiestradores que usan sobre todo refuerzo y muy poco castigo.
¿En que extremo del espectro te gustaría que estuviese alguien que tuviera que enseñarte comportamientos nuevos o mejores?
Cuanto mayor sea el uso del castigo mayor será el impacto negativo en los lazos y la relación entre tú y tu perro. No importa como de preciso sea el momento de aplicar el castigo, al perro siempre le desagradará. El condicionamiento clásico, uno de los procesos por los que aprende un perro, establece que el castigo se asocia a quien lo aplica, de ahí el impacto negativo que tiene en la relación.
Independientemente de las técnicas de adiestramiento que utilices, el uso tanto del castigo como del refuerzo es inevitable. Incluso si tienes la intención de adiestrar a tu perro sin usar ningún refuerzo, muchas interacciones son reforzadoras. El contacto visual es reforzante para los perros, así como el contacto físico. De la misma forma, un tono de voz amable es reforzante. El mismo principio aplica a los puristas que quieren adiestrar sin usar ningún castigo en absoluto. Simplemente no es posible. Una corrección verbal y ya has fallado. Pedir a un perro que repita un ejercicio también puede ser un castigo. No entregar una recompensa es un castigo. La cuestión no es censurar el castigo sino aceptar el desafío de encontrar alternativas.
Tanto el castigo como el refuerzo están sujetos a desensibilización. Esto quiere decir que un adiestrador que use un collar eléctrico, si lo hace de manera muy repetitiva, tendrá que utilizar descargas cada vez más fuertes para que sean efectivas. Los perros que son castigados con descargas desarrollan una tolerancia a las mismas. Esta es la razón por la cual los dueños de perros que usan collares eléctricos de control remoto para asegurar que el perro no se escape del jardín, acaban incrementando la potencia de la descarga hasta que incluso la descarga de mayor intensidad no consigue que el perro muestre el comportamiento deseado de permanecer en el jardín. Ese perro ha sido desensibilizado a las descargas con éxito. Esa desensibilización puede llevar al abuso. El mismo proceso de desensibilización puede ocurrir con otras formas de castigo. Una palmadita se convierte en una palmada, una palmada en una bofetada, una bofetada en una patada, y así sucesivamente. Esto no es una cuestión de adiestramiento — esto es una cuestión de humanidad y de cómo tratamos a los demás y a nuestros perros.
Si el perro no se desensibiliza a las descargas hay una posibilidad de que el perro se sensibilice a ellas. Hay estudios que demuestran que hay perros que se desensibilizan mientras que otros se sensibilizan al ser expuestos a los mismos estímulos. (ver Excel-erated Learning de Pam Reid para más información). Si un perro se sensibiliza a las descargas durante el proceso de adiestramiento es probable que el perro entre en una respuesta de combate o huida al ser empujado más allá de su umbral de castigo. Esto puede ser peligroso tanto para el perro como para el dueño.
Por último, el uso de collares eléctricos no va a tener un efecto positivo en tu relación con el perro. Incluso si solo se necesitaran una o dos descargas para parar inhibir el comportamiento, la pregunta permanece: ¿Cómo querrías ser educado tú? Imagina un vendedor al que se le dice que tiene que vender más de 1000 artículos para evitar una descarga eléctrica, y compáralo con un vendedor al que se le dice que tiene que vender más de 1000 artículos para ganarse una bonificación.
El refuerzo está sujeto a la misma dinámica de desensibilización. Si un adiestrador siempre da al perro el mismo premio de la misma manera, el premio se volverá menos efectivo. Esta es una razón por la cual si un adiestrador decide enseñar a su perro usando comida el perro debe tener hambre durante las sesiones y la comida debe ser variada. Un perro que tiene libre acceso a la comida o a los juguetes simplemente no estará motivado. Limitando el acceso a los refuerzos que se usan en el adiestramiento se conseguirá que los refuerzos sigan siendo apetecibles y evitará la desensibilización.
El hecho de castigar significa que el perro tiene la culpa
La lógica nos dice que un castigo justo es el resultado de un error por parte del perro. Los castigos injustos no son lógicos. Así que si el adiestrador está enseñando al perro y se produce un error, el perro es castigado porque se asume que el perro ha sido desobediente. Sin embargo, el error del perro pudo haber sido causado por muchos otros factores; alguno de los cuales son:
· El aprendizaje no se ha generalizado. Lo que le has enseñado no se entiende en diferentes contextos.
· La indicación no ha sido entrenada suficientemente- – hay algo más interesante para el perro.
· Las distracciones eran demasiado abrumadoras para el perro. Hemos propiciado el error.
· El perro no se siente bien.
· El perro está confundido.
· El perro ha malinterpretado algo.
· Ha habido poco entrenamiento.
· El perro no estaba prestando atención. Hace falta trabajar la atención.
¿Por qué asumimos que un error es desobediencia y un acto deliberado y calculado? ¿Por qué asumimos lo peor? ¿Por qué culpamos al perro? Si es el perro quien se ha equivocado entonces el adiestrador va a tener serias dificultades para evitar que el error se vuelva a producir. Esto quiere decir que el adiestrador vive con el miedo de que el perro decida volver a desobedecer. Así que el perro tiene la culpa. El adiestrador solo puede aplicar la corrección cuando el error ocurre. El resultado se traduce en un montón de tiempo observando vigilante y esperando que el acto de desobediencia deliberado ocurra otra vez para que pueda ser corregido.
La alternativa es mucho más agradable tanto para el perro como para el adiestrador. Es asumir que el adiestrador ha cometido el error. Que el adiestrador ha provocado que el perro se equivoque por falta de adiestramiento, o adiestramiento inadecuado. Si es el adiestrador quien se ha equivocado puede fácilmente hacer los cambios necesarios. Cambiar su comportamiento en vez de culpar al perro. El adiestrador tiene el control. Este proceso también asume que el perro es suficientemente inteligente para aprender y suficientemente inteligente para interpretar algo mal o confundirse. Está claro que los errores del perro son responsabilidad del adiestrador.
Sin embargo, el juego de la culpa es infinitamente más gratificante que hacer cambios en los programas de adiestramiento. Así que los tirones continúan.
¿Es el castigo más fuerte que el refuerzo?
El castigo obtiene resultados dramáticos. Un perro que recibe una descarga está altamente motivado por el dolor que ha sufrido para evitar otra descarga. Un perro que es golpeado por ensuciar la casa tomará medidas extremas como comerse sus propias deposiciones para evitar futuras palizas. Toda la evidencia sugiere que el castigo es más fuerte que el refuerzo. Sin embargo el refuerzo gana la competición por muchas razones. Consideremos actividades de alta gasto energético como correr. ¿Cuando se ve a un perro corriendo a todo gas hasta llegar al límite? ¿Si el castigo es el motivador definitivo por que los galgos se molestan en perseguir a un conejo de mentiras? La verdadera motivación se consigue con refuerzo, no co
n castigo. Como he dicho antes, ¿Cuánto tiempo toleraría la gente la obligación de trabajar si fuera para evitar un castigo y no por conseguir la paga mensual?
Independientemente de si usas castigos o refuerzos, el condicionamiento clásico dicta las asociaciones que se van a formar. Si castigas a tu perro, tu perro empezará a asociar esos castigos contigo. De la misma forma, los refuerzos serán asociados a ti y harán más fuertes tus lazos con el perro. Si decides adiestrar a tu perro usando castigos siempre te quedará la duda de si realmente está trabajando por ti o por evitar las correcciones.
Se podría decir lo mismo del adiestramiento con comida o juguetes. Sin embargo los adiestradores tienen la opción de usar refuerzo variable - reforzar aleatoriamente para que los premios no sean predecibles. El refuerzo variable solo funciona con refuerzos. No se puede castigar unos errores con una corrección de correa y otros no, para que el perro aprenda, la corrección tiene que ser aplicada cada vez que ocurra el error. La creatividad y el ingenio son más costosos que las soluciones rápidas. Si todos los adiestradores eligieran inventar formas nuevas para reforzar a los perros todos lo perros y todos los adiestradores se beneficiarían. Los perros son amorales; nosotros no. ¿Quien tiene la obligación de intentar hacerlo mejor?
Si tu perro pudiera hablar ¿que crees que opinaría sobre como le estás enseñando? Ponerse en el lugar del perro puede hacernos comprender mejor y ser más conscientes del tipo y estilo de técnicas adiestramiento que estamos usando. Si este artículo te ha inspirado a intentar usar técnicas de adiestramiento diferentes y a lanzar una ofensiva de adiestramiento creativo, deberás estar preparado para algunos baches en la velocidad del adiestramiento. Las nuevas ideas sobre adiestramiento siempre tienen dificultades. Tanto tu personalidad como la de tu perro tendrán que adaptarse a las nuevas técnicas. Sabiendo de antemano que habrá un periodo de adaptación seguro que conseguirás perseverar y seguir intentándolo. Si al principio no tienes éxito, ¡inténtalo otra y otra y otra vez!
Fuentes:
Coercion and its Fallout by Murray Sidman.
Don’t Shoot the Dog by Karen Pryor.
So Your Dog is Not Lassie by Betty Fisher and Suzanne Delzio.
Behavior Problems in Dogs by William Campbell.
Train your Dog the Lazy Way by Andrea Arden.
Culture Clash by Jean Donaldson.
Dogs are from Neptune by Jean Donaldson.
The Man Who Listens to Horses by Monty Roberts
Purely Positive by Sheila Booth.
Excel-erated Learning: How dogs learn and how best to teach them by Pamela J. Reid.
“Of Hostages and Relationships” by Suzanne Clothier, www.flyingdogpress.com.
“The shocking truth about shock collars” Animal Behavior
site:www.apbc.org.uk/article2.htm.
Una versión de este artículo apareció previamente en Clean Run magazine, Marzo-Abril 2001.
Angelica Steinker, M.Ed. es una adiestradora motivacional propietaria de Courteous Canine, Inc., una escuela de adiestramiento especializada en comportamiento, resolución de problemas de conducta, adiestramiento con clicker y agility. Angélica tiene un Master’s Degree en counseling por la George Mason University y usa activamente teorías del comportamiento y aprendizaje en su trabajo con perros y sus dueños.
http://www.courteouscanine.com/opencall.shtml
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Artículo publicado en VORAUS. El PDF está en este enlace.
Autor: Alicia Fernandez Foruny
La conducta agresiva es la más frecuente de las alteraciones de
comportamiento en los perros domésticos. En realidad, la conducta
agresiva tiene una función de autoprotección que está íntimamente ligado
a su instinto de supervivencia si el perro viviera en un medio salvaje.
También los machos compiten por cópula y para ello, deben hacer desistir
a sus competidores, derrotándoles. (Selección sexual).
Debemos tener en cuenta que la mayoría de las conductas agresivas son
para la especie canina, patrones normales de comportamiento, lo cual
hace más difícil la resolución de este tipo de problemas. Ahora bien, desde
que el perro comparte su nicho trófico con la especie humana, y pasa a
ser un miembro más de la familia que lo acoge, todas las formas de
conducta agresiva son inaceptables y hay que corregirlas de raíz.
Hay que tener en cuenta que la mayoría de casos de agresividad hacia
personas están mal diagnosticados y que hoy en día, se sacrifican más
animales de los que realmente haría falta. Por ello, es imprescindible
realizar una anamnesis con la mayor cantidad de datos posibles.
Deberemos analizar las situaciones de riesgo familiar y del entorno y
llevaremos a cabo el pronóstico y el tratamiento adecuado para cada caso
concreto, basándonos en los parámetros obtenidos por un examen físico,
neurológico, y analítica completa.
Causas del comportamiento agresivo. Las posibles causas del
comportamiento agresivo son varias y se pueden clasificar según su
etiología en causas orgánicas y causas no orgánicas.
· Causas orgánicas (15 % de los casos) Se consideran en este grupo
aquellas causas físicas que afectan al animal, que pueden ser
fácilmente detectables en la exploración (dolor, prurito, debilidad,
desorientación,…) o por el contrario, causas más difíciles de
detectar a primera vista (hipotiroidismo, hidrocefalia, tumores
intracraneales, epilepsia y otras, como enfermedades víricas,
bacterianas o tóxicas que cursan con afecciones encefálicas y
síntomas neurológicos.
· Causas no orgánicas (85 % de los casos) Se pueden clasificar en
una gran variedad de tipos distintos, pero como veremos a
continuación, la mayoría de casos que pueden llegar a la clínica, se
pueden resumir en tres: agresividad por dominancia, agresividad
territorial y agresividad por miedo.
www.etcan.es
http://www.voraus.com Alicia Fernández Foruny http://www.etcan.es
Es de suma importancia poder llegar a un diagnóstico exacto del tipo de
agresión que estamos tratando, ya que hay varios tipos de conductas
agresivas y por ende, distintos tratamientos para cada una de ellas. Por
eso es muy importante hacer la anamnesis en el domicilio, porque
tendremos la oportunidad de observar el comportamiento del perro, su
lenguaje gestual, ante qué señales agonísticas reacciona, etc.
Obviamente también hay distintos pronósticos, que en definitiva, es una
de las cosas que más preocupa a los propietarios de un perro de estas
características. Por poner un ejemplo, la agresión maternal tiene un índice
altísimo de resolución satisfactoria, mientras que la agresividad por
dominancia tiene un pronóstico reservado.
El acto agresivo en los perros es un comportamiento que ha
evolucionando dentro de un marco concreto y complejo y que la selección
natural ha premiado. Sobrevivir o morir son las dos cuestiones que se
presentan ante un acto agresivo, cuando se presenta, o cuando se
defiende… claro que hay muchas otras alternativas y dependen tanto del
individuo que la presenta, como de la balanza costes-beneficios, sirva
como ejemplo “la conducta del burgués” (Pozuelos, et. al 2003 La Etología
del Perro)
Para centrarnos un poco más y no desviarnos demasiado del tema que
nos ocupa, que es la especie doméstica, la conducta agresiva se inhibe, se
redirige, y se controla. De eso se ocupará la madre de los cachorros,
durante su periodo sensible. La madre, tratará de fijar unos patrones de
comportamiento en los cachorros parecidos a los suyos. Les enseñará a
inhibir el mordisco, a adoptar la postura de sumisión, a no pasarse y les
enseñará de la mejor manera que sabe. El cachorro aprende cuáles son
las señales de advertencia y las consecuencias de no reconocerlas. Será
castigado cuando insista o muestre pocas ganas de aprender.
Cuando un animal agrede, es que tiene una buena razón para hacerlo.
Obviamente desde el punto de vista humano esto es inaceptable, pero es
importante que esto sea tenido en cuenta por el propietario para que no
se genere un sentimiento negativo hacia el animal, que acentúe aún más
el ya deteriorado vínculo existente entre el dueño y su perro.
Existe una clasificación de las conductas agresivas que presentan los
cánidos y está basada en el estímulo que desencadena la conducta
agresiva. Es interesante conocerla, ya que nos permite entender un poco
mejor al animal que presenta este problema.
Los distintos tipos de conductas agresivas son:
Agresión Predatoria
Es la agresión dirigida a lo que el perro toma como una presa. El ejemplo
típico sería los perros que persiguen a los ciclistas que pasan, o a
personas que corren.
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Agresión entre machos
Esta es una conducta muy frecuente en las casas donde conviven uno o
más perros machos. Es una conducta influenciada por la testosterona y
cuando ocurre este problema, una posibilidad de tratamiento es la
castración del beta o perro subordinado, ya que con ello, aumentamos
mucho más la distancia jerárquica entre ellos. Además, el propietario,
debe darle al alfa un trato preferente, esto es, alimentarle primero, darle
atención primero y no inmiscuirse en el establecimiento de la jerarquía
canina, tratando de separar y zanjar cualquier disputa de rango entre
ellos. En los casos en que el propietario no desea castrar a sus perros,
existe la posibilidad de medicar a los perros con hormonas
(progestágenos) pero en general, aunque la medicación surta efecto,
cuando se deja de usar vuelve a aparecer el problema.
Agresión entre hembras
Esta es una alteración mucho más difícil de resolver que la anteriormente
citada porque la influencia hormonal es mínima. Aquí el desencadenante
es el no establecimiento de un orden jerárquico entre las perras que
conviven juntas que suele ser consecuencia de que el dueño participa e
impide el establecimiento jerárquico de ambas perras. Se necesita un
propietario que tenga un gran dominio sobre las hembras que se agreden
para que pueda inhibir en ellas el deseo de confrontación. Igualmente
aunque esto pasara, cuando el dueño no esté presente, es muy probable
que las perras peleen, por lo que en estos casos, está indicado el
separarlas cuando no puede haber un control por parte del propietario.
Agresión por miedo
Esta conducta se presenta en animales inseguros y de poco carácter que
al querer ser tocados por alguien y no tener posibilidad de escapar, se
sienten acorralados y muerden. En general nunca producen mordidas
graves, pues no lo hacen con convicción. Lo único que buscan es alejar el
estímulo que les produce el miedo. Son animales a los que no se los debe
tratar con brusquedad. Necesitan una terapia conductual y una
medicación para superar sus fobias, y esta debe ser prescrita siempre por
un facult
ativo. Con este tipo de perro, siempre deberemos guardar una
distancia de “seguridad” para que el perro no se vea forzado a “atacar”.
Siempre hay que dejarle una salida para que no se sientan amenazados y
en todo caso puedan huir. Ya sabemos que el perro que se siente
amenazado actúa de dos maneras: ataca o huye.
Agresión por dolor
Es una conducta que tiene una función protectora para el animal ya que
es un modo de defensa. No obstante, es inaceptable que un animal
muerda a su dueño cuando éste, por ejemplo, le está curando. La forma
de evitar este comportamiento es habituar desde cachorro al perro a
inhibirse ante pequeños dolores que le produzca el dueño al curarle una
otitis, una herida, etc
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Agresión territorial
Es una conducta normal en el perro y en muchos casos buscadas por los
propietarios cuando desean que sean guardianes de su propiedad. Muchas
veces el animal se excede en esta conducta y resulta un problema a
solucionar. Es el caso de los animales que intentan agredir a las visitas,
carteros, y cualquier persona extraña al núcleo familiar. La educación del
perro desde cachorro, es la mejor prevención para evitar esta situación.
No se debe fomentar excesivamente esta conducta pues el animal, por sí
mismo la va a presentar. Cuando le es fomentado, se torna más agresivo
porque quiere satisfacer a su dueño y en general, termina siendo un
animal insociable e inmanejable.
Agresión maternal
Es la agresión desarrollada por las perras con cría de pocos días de vida.
Está influenciada hormonalmente y depende de la relación que tenga con
sus dueños que desarrolle esa conducta con los mismos. Generalmente al
mes de haber parido, esta conducta desaparece. Agresión por alteraciones
fisiopatológicas Este comportamiento se debe a desórdenes neurológicos,
tanto físicos como químicos, a través de las sustancias que intervienen en
la transmisión de impulsos nerviosos. Obviamente es un problema de
resolución estrictamente médica y son necesarios determinados exámenes
veterinarios para llegar a un diagnóstico correcto. También algunas
enfermedades hormonales son causantes del comportamiento agresivo de
un animal, como por ejemplo, el hipotiroidismo.
Agresión por dominancia
Este tipo de agresión es la más frecuente de todas las conductas agresivas
de los perros. Generalmente se observa en machos sin castrar, mayores
de un año y medio de edad. Existe una mayor incidencia en los animales
puros de raza, que en los mestizos. Esto es debido a que las cualidades
estéticas que se premian en las exposiciones caninas, tales como cola
erecta, porte alto, cabeza muy levantada, son muy similares a las
actitudes y gestos propios de animales dominantes. El hecho de que
debido a que somos nosotros los que decidimos quiénes tienen más
posibilidades de reproducirse, lleva a una fijación en los genes con estos
caracteres potencialmente dominantes. El perro que es agresivo por
dominancia, puede serlo con todos o con alguno de los habitantes de la
casa. Por lo común, son animales muy amigables con los extraños. Debido
a que el mundo de los cánidos se maneja con gestos, posturas y contactos
corporales fuertes y como el perro es un animal social y gregario, los
estímulos específicos que desencadenan la agresión, son los contactos
corporales que sus dueños tienen para con ellos, tales como, caricias,
cepillado, intentos de colocarles el collar o intentos de sujeción. Para el
propietario, el ataque del perro no fue provocado pues él sólo lo estaba
acariciando, pero para el perro había muy buenas razones para agredir.
Esto es un punto crítico, ya que a la persona agredida le cuesta mucho
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entenderlo. Casi siempre los animales dominantes avisaron antes de llegar
a la agresión directa.
Las señales de dominancia que el perro realiza para con sus dueños antes
de llegar a morder, son varios. Por ejemplo: colocar su cabeza
presionando sobre las rodillas de la persona, mirarlo fijamente a los ojos y
no desviar la mirada, permanecer en el paso frente al propietario y no
moverse del lugar… Si el dueño ha estado permitiendo todas estas
situaciones, ya sea por temor o por desconocimiento, el animal comienza
a creer que es el alfa, está por encima de su dueño y éste es su
subordinado. Otro factor que afianza al perro en su condición de alfa, es el
hecho de que muchas personas tienen la costumbre de dar de comer al
perro antes de que coma la familia y por ende, le da al perro parte de la
comida del plato cuando el perro así lo solicita.
¿Qué mensaje recibe el perro? Que tiene prioridad sobre el recurso
disponible y derecho a alimentarse primero. Además, estamos reforzando
este comportamiento dándole de comer de nuestro plato sin haber
terminado nosotros. Por consiguiente, el perro entiende que debe
reprender al dueño de la manera que sabe, cuando este no cumple con las
reglas caninas de subordinación.
Este es el inicio de la Agresión dominante. Si bien la confrontación física
puede invertir o detener este problema, no todos los propietarios de
perros tienen la capacidad de lograrlo, sobre todo cuando se trata de
perros con un peso y una fuerza considerables. Llegados a este punto, es
imposible para el dueño obligar al perro a adoptar una postura de
sumisión (alpha roll over) si antes no se han cambiado las reglas del
juego, que le hayan hecho entender al perro cuál es su puesto en la
jerarquía familiar de su manada. Por supuesto, esta técnica deberá ser
realizada con toda la prevención y cuidado por parte del dueño o el
experto en modificación de conducta y se utilizarán todos los medios
necesarios para prevenir cualquier accidente de tipo agresivo que muestre
el perro. Es recomendable por tanto, el uso de un bozal, para cualquier
manipulación que hagamos al perro y no prescindiremos de él hasta estar
seguros de que no va a haber ningún tipo de reacción ni problema.
El objetivo del tratamiento conductual es evitar lesiones e invertir el orden
jerárquico en la mente del perro, y en la del dueño. Hay que actuar con
mucho tacto y dejar las cosas claras al propietario. Para ello, es
importante que el dueño acepte que ha cometido una serie de errores.
El perro, como animal social y gregario, necesita un líder. Si el dueño no
lo es, ese puesto lo ocupará su perro, comportándose como tal y dando
por hecho una serie de privilegios que tiene como alfa. Normalmente, los
educadores caninos nos encontramos aquí con un problema añadido: el
dueño. Este cree que lo ha hecho todo bien y está convencido de que el
culpable es su perro. Cuando entienden los conceptos de gregarismo,
manada jerarquía y como se consiguen, tenemos ya mucho ganado,
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porque sabrá el alcance de todos y cada uno de los errores que ha
cometido, y estará en el proceso de conseguir tener el control de su perro.
Para ello, utilizaremos todo lo que esté a nuestro alcance para
conseguirlo. A partir del momento que el perro se tenga que “ganar el
pienso”, estaremos en el buen camino de conseguirlo.
El propietario debe evitar todas las actitudes que puedan significar un reto
de dominancia para el perro y así evitar las situaciones potencialmente
peligrosas.
Se debe, además, comenzar con un programa bien detallado de
modificación de conducta como por ejemplo el retiro de afecto y atención
social cuando el perro mue
stra algún signo de agresividad, enseñarle
algunos ejercicios de adiestramiento y recompensarlo cuando lo hace
bien, sacarlo a la calle bastante tiempo para que gaste energías. No hay
que olvidar que un perro que es agresivo con su dueño en su territorio, tal
vez no lo sea en la calle por la inseguridad que esta última le inspira.
Características de la agresividad por dominancia
Se tiene que cumplir:
1. Hacia personas conocidas.
2. Postura ofensiva.
3. Se manifiesta en situaciones de competencia o conflicto jerárquico.
Las situaciones más frecuentes son:
· Castigar al perro
· Desplazar al perro
· Molestarlo mientras come.
· Contacto visual directo.
· Pasar por encima del animal.
· Ponerle la correa o bozal.
· Acariciarlo.
· Acicalarlo
· Manipularlo
· Contenerlo
Pero también hay excepciones, por ejemplo: hay perros tan dominantes
que también muestran conducta agresiva hacia desconocidos.
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Perros que por dominancia, adoptan una postura ambivalente. En estos
casos hay que preguntar cuando fue la primera vez que el animal mostró
agresividad y cuál fue la respuesta del propietario, ya que puede tener
miedo al propietario pero seguir siendo dominante y por lo tanto, hay que
tener en cuenta que si cumple los requisitos excepto la postura, puede ser
perfectamente agresividad por dominancia.
La modificación de esta conducta es muy compleja y lleva bastante
tiempo, voluntad y paciencia por parte del dueño. Normalmente los
tratamientos conductuales suelen fracasar debido a que el propietario se
cansa, al tener que seguir unas pautas de por vida, marcadas por el
especialista en comportamiento.
Por último es importante recalcar que en los casos de agresión por
dominancia, está contraindicado el castigo, pues desencadena una
reacción más agresiva en el perro.
Con respecto a la farmacología utilizada en estos casos, principalmente se
utilizan progestágenos en las dosis habituales, como también ansiolíticos
benzodiacepinas para lograr mantener un nivel de seguridad mínimo con
el fin de poder realizar las técnicas de modificación de conducta. En el
caso de los machos, como se ha apuntado anteriormente, está indicada
también la castración quirúrgica.
BIBLIOGRAFÍA
· Manteca, X. (2003): Etología clínica veterinaria del perro y del gato,
3ª Ed. Multimédica. Barcelona.
· Manteca, X / Fatjó, J. (2005) El Perro. Educación y cuidados Ed.
Plaza
· Pozuelos, A. (2003): La Etología del Perro. Ed. Ateles
· Abrantes, R (2005) The Evolution of canine Social Behavior Ed
Wakan Tanka Publishers
· Aloff, Brenda (2002) (Aggression in dogs Ed. paperback)
· Donalson, Jean (2003) El choque de culturas kns ediciones
· Sykes, Barbara (2001) Understanding & Handling Dog Aggression.
Ed. crowod Press Ltd.
· Dunbar, Ian (2005) Dog Aggression Fighting, James & Kenneth
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· Campbell, William (1999) Behavior Problem in dogs. 3rd Edition Ed.
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· Mc Connell, Patricia. (2007) Al otro extremo de la correa kns
ediciones
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· Abrantes, Roger (2005) Manual de comportamiento Canino kns
ediciones
· Horwitz, Debra Mills, Daniel Heath, Sarah Basolls Wols, Marta tr.
(2007) Manual de comportamiento en pequeños animales kns
ediciones
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El collar Halti, también se llama ronzal o de cabestro. Lo denominaremos Halti por ser esta marca el que lo ha difundido (junto a Gentle Leader), y también por ser recomendable por su calidad.
Su concepto se acerca al de la cabezada de un caballo.
No podemos imaginarnos un caballo con un collar que le permita traccionar desde sus hombros, tipo petral. Nos arrastraría sin esfuerzo. Eso es lo que hacen los perros con collares de cuello.
En especial a los perros que los adiestradores llamamos “de cuello fuerte” (que no son otros que aquellos que, a fuerza de soportar mucha presión en su cuello, generalmente por ser adiestrados con técnicas tradicionales, se han insensibilizado en esta zona) y no les cuesta esfuerzo tirar desde sus hombros. Por eso los perros potentes y pesados, insensibles en su cuello deciden “ir a oler nosequé” y se llevan arrastrando a mamá, al niño o a la abuela, sin ningún esfuerzo.
El adiestrador tradicional, en estos casos, suele recomendar el collar de púas. No cuenta al cliente que, con seguridad, si el perro sigue “tirando de su cuello”, en pocas semanas, su insensibilidad volverá a ser la misma, con collar de púas y todo, y podrá volver a arrastrar a la abuela.
En general, el collar Halti se puede recomendar para todos los perros potentes, o ya viciados a otros métodos, pero en general es una herramienta muy útil y efectiva.
Funcionamiento. Físicamente, en la foto se deduce su funcionamiento.
Cuando el perro tira, dado que la musculatura sobre la que acciona el punto de sujeción de la correa es la del cuello, el tirón produce que su cabeza se acerque a nosotros y el resto del cuerpo se separe.
Además, tiene un ligero dinamismo de cierre en las tiras de la boca, lo que produce que haya una pequeña comunicación positivo-negativo sobre la acción de tirar-no tirar. Este movimiento, lejos de las sensaciones del tirón en un collar estrangulador, también abre y cierra, y esto ayuda a un rápido condicionamiento.
La tira inferior, únicamente sirve para soportar la anilla de sujeción, y fijar el Halti a su collar habitual (para que no se lo saque al traccionar hacia atrás).
Pros y contras. El collar Halti tiene, como todo, ventajas e inconvenientes.
Uno de las mayores ventajas, es que es mucho más fácil conseguir la atención del perro con ellos, además de no trabajar con fuerza física. El hecho de que el perro no pueda tirar es importante, sobre todo porque cuando tira, su cabeza se vuelve hacia nosotros. Por tanto, nos es muy sencillo captar su atención.
Podemos aprovechar más fácilmente las posibilidades de reforzar o comunicarnos, en especial en perros adolescentes, con captación de atención más difícil.
Lo más importante, dejan de tirar inmediatamente. O al menos, nos resulta mucho más fácil controlarlos que antes, sobre todo con perros que entrañan mucha dificultad en este sentido.
Uno de sus inconvenientes es que sus tiras pueden tender a producir rozaduras en perros sensibles de piel.
También les limita que son incompatibles con el uso de correas extensible, tipo Flexi. Si el perro llegase con velocidad al final de la correa, podría lesionarse en el cuello. Cuidado con esto. No se puede usar ni con cuerdas largas, ni con correas extensibles. Por lo demás, en un correcto uso, son muy seguros y no se conocen lesiones más que en los supuestos que detallamos.
Otro inconveniente, motivación de la idea de escribir este artículo, es que requieren una correcta habituación. Son muchos los compradores de estos collares que a los pocos días desechan su uso, por lo haberlos habituado correctamente.

Habituación a su uso. La duración de las fases depende de cada perro, pero podemos pasar a una fase superior cuando comprobemos que su comportamiento ante el material es natural y confiado.
Presentación del material. Empiezo reforzando con pequeños trocitos de Frankfurt para que el perro nos permita colocárselo. Le condiciono a que me coja un pequeño premio a través de las tiras del Halti. Un par o tres de veces al día, durante 4 o 5 días, dependiendo del perro. Enseguida empieza a ser un juego para el perro.
Colocación sin correa. Cuando ver el Halti y coger la comida notando las tiras en su hocico es natural para él, se lo coloco únicamente en el momento en que el perro come su ración diaria. Normalmente no pone problemas para soportar llevarlo mientras come. De hecho, lo asocia al momento de comer y suelen colaborar bastante a la tercera o cuarta repetición, al ponérselo para comer. Inmediatamente que ha acabado de comer, lo quito. Este proceso puede durar unos días más. También podemos aprovechar posteriormente a ponerlo cuando juguemos con pelota o motivador, sin atarlo a la correa. Así, progresivamente, intento que en ciertos momentos del día, sin atarlo a ninguna correa, se acostumbre de forma natural, desde el primer momento, a sentir la sensibilidad del collar, mientras efectúa ejercicios positivos.
Habituación a la correa. La colocación correcta, al principio, es la que veis en la foto. Entendemos que ya ha pasado las fases en que es un problema colocárselo. Entendemos que en este momento, llevarlo es algo natural para él. Si esto no es así, deberemos trabajar aún en las dos fases anteriores, y si hemos de comenzar de nuevo, podemos hacerlo. Este punto ha de estar claro antes de enganchar a una correa la anilla de sujeción del Halti. Evidentemente, nos será casi imprescindible comprar una correa de adiestramiento, de las que llevan mosquetones en las dos puntas, y tiene un largo de 1,80 o 2 metros.
En el caso de que el perro tire, deberemos aguantarlo de la mano derecha, no vamos aún a dejar que el Halti trabaje. Debemos estar un par de días aún, llevándolo como siempre hemos hecho, del collar. Por tanto, nunca debemos en esta fase dejar que la mano izquierda (la que soporta el Halti) se tense, es imprescindible que la correa que soporta al Halti vaya siempre destensada. Pasearemos por la calle de esta forma, con una pieza de la correa en cada mano, y dejando que, cuando el perro no tira, sienta que está llevado por el Halti, y cuando tira, lo soporta su collar de siempre.
Con el paso de las sesiones de práctica, poco a poco iremos trabajando más con el Halti y menos con el collar (más con la mano izquierda y menos con la derecha), y cuando el Halti deba actuar deteniendo al perro, aprovecharemos para darle un refuerzo positivo (premio, trocito de Frankfurt, etc.). Aunque parezca lo contrario, no estaremos reforzando que el perro tira, estaremos reforzando que cuando el Halti actúa, sucede algo positivo. Entendemos que en este punto, ya estamos suprimiendo casi totalmente el trabajo con el collar (casi no hemos de accionar la mano derecha).
Poco a poco, podremos conseguir que únicamente colocaremos la correa en la anilla del Halti, y podemos pasear con él sin problemas, siempre reforzando en los momentos en que lo creamos necesario, con algún pequeño trocito de premio apetitoso.
Si llegamos a este momento con éxito, podremos enseñar muy fácilmente a que el perro camine junto a nuestro lado, siguiendo los parámetros que se explican en el artículo
TÉCNICA DEL GIRO EN U PARA QUE EL PERRO NO TIRE DE LA CORREA
publicado en ésta misma web.
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Hemos organizado un curso de Psicología canina en Puigcerdà los dias 26 y 27 de enero, abierto a todos, en colaboración con el Ajuntament de Puigcerdà y el Consell Comarcal de La Cerdanya.
Han participado unos 30 asistentes, entre los que se palpaba un gran interés en conocer el funcionamiento del aprendizaje canino y el adiestramiento.
Este curso de 2 dias, se complementó con una mañana de prácticas sobre lo aprendido, en la Plaça del Call, en pleno centro de Puigcerdà.
En las pràcticas se demostró el funcionamiento del colar Halti, cedido por la marca NUTRO, que participó en el evento, así como las técnicas de adiestramiento en positivo que nosotros intentamos impulsar.
Al mismo tiempo, enseñamos a los propietarios y sus perros a afrontar básicamente los obstáculos de la pista de Agility que llevábamos, mostrando los participantes un gran interés.
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Hemos participado en la “pachanga” de Agility que se organizó por nuestro amigo Juan Pedro Guerra y su pista de ADVANCE-AFFINITY.
Esta demostración se hacía con motivo de la fiesta canina de la llegada de la última etapa de PIRENA, la carrera más importante de perros de trineo de Europa, y fue en LA MOLINA, una de las pistas de esquí catalanas más prestigiosas.
DUC y LANITAS representaron al Club entre los perros que participaban en el KO, y LANITAS se clasificó en segundo lugar, sólo pudiendo ser ganado por el juez de la prueba, nuestro amigo JUAN PEDRO.
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Las competiciones de flyball
El flyball se inventó hacia fines de los años setenta. Según cuenta la leyenda, el organizador de la primera exhibición fue Herbert Wagner, durante el “Johnny Carson Show”, en California, ante millones de espectadores norteamericanos. Desde principios de la década del ochenta, este deporte se hizo muy popular y se comenzaron a organizar competiciones oficiales en toda América del Norte. En 1984, los profesionales de este deporte canino crearon la “North America Flyball Association” (NAFA), que representa actualmente la autoridad y la referencia mundial en materia de flyball. En Gran Bretaña este deporte tardó más en desarrollarse. La primera competición se organizó en 1991. La British Flyball Association se fundó sólo en 1993, siguiendo el modelo de la NAFA. Al igual que su predecesora, tiene por objeto establecer un reglamento y patrocinar el conjunto de las competiciones oficiales.
Si bien el flyball se ha difundido mucho durante estos últimos veinte años en los países anglosajones (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia), en Francia aún no se reconoce como deporte y se lo considera más bien como un juego que los clubes caninos proponen a los propietarios de perros.
El principio del flyball es simple. Se trata de una carrera de relevos en la cual dos equipos de cuatro o más perros se enfrentan, recorriendo dos circuitos idénticos paralelos. En orden, cada uno de los perros debe llevar una pelota a su guía para poder pasar el relevo.
El recorrido de flyball
Sobre el terreno se encuentran tres elementos importantes:
– una línea que sirve de partida y de llegada
– cuatro vallas idénticas, cuya altura debe estar comprendida de manera obligatoria entre 25,4 y 45,7 cm (en función de la altura a la cruz del perro más pequeño del equipo). Esta vallas están separadas entre ellas por una distancia de 3,05 m. La primera se coloca a 1,83 m de la línea de partida y la última, a 4,5 m de la caja.
– una caja de flyball, que contiene un dispositivo de resorte que permite que el perro haga salir mediante pedales una pelota de tenis.
En los países en los que el flyball se practica regularmente (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Bélgica), se han inventado diferentes tipos de cajas especialmente adaptadas a esta especialidad. Las cajas que se utilizan con mayor frecuencia en estos países tienen la parte de adelante curva, lo que permite que el perro gire mucho más rápidamente mientras atrapa la pelota, como lo hacen los nadadores.
Desarrollo de las pruebas
En las competiciones oficiales, se colocan los dos primeros perros de cada equipo delante de la línea de partida. Cuando el juez da la señal, los dos perros se lanzan, saltan las cuatro vallas sucesivas y, al llegar a la caja, aprietan el pedal para hacer salir la pelota, que atrapan en el aire para perder el menor tiempo posible, y vuelven hasta sus respectivos guías, saltando nuevamente las cuatro vallas en sentido inverso y transportando la pelota. una vez que han atravesado la ultima valla, pasan el relevo y el segundo perro de cada equipo se lanza, a su vez, a recorrer el circuito.
El cronómetro se detiene una vez que el último concursante del equipo ha atravesado la línea de llegada.
El flyball es una verdadera prueba de velocidad. Los mejores perros tardan menos de 20 segundos en recorrer el circuito. El récord mundial actual es de 16,7 segundos.
Las ventajas del flyball
Este deporte posee numerosas ventajas que han contribuido seguramente a su éxito en los países anglosajones.
En primer lugar, el flyball está abierto a todos los perros, cualesquiera que sean sus orígenes, razas o tamaños. A diferencia del agility, el guía no necesita correr al lado de sus perros, lo que hace que este deporte sea accesible a las personas de edad y a los discapacitados.
Se trata de un juego simple y poco técnico, que no necesita prácticamente ningún adiestramiento, dado que el perro está sometido más bien a un condicionamiento. Lo más difícil es enseñar al perro a apretar el pedal que hace salir la pelota.
El flyball brinda al propietario un medio para mejorar la relación que mantiene con su perro y a éste, la posibilidad de realizar un mínimo de ejercicio físico. Se trata de una actividad lúdica, simpática y entretenida, que se puede practicar fácilmente en medio urbano.










