La técnica del giro en U (2). Orden de “junto”
La técnica del giro en U.
Cómo dejar de manipular la correa para entrenar “JUNTO”
Cuando otros educadores han venido a visitarnos, recurrentemente han manifestado su interés acerca de que no ven manipulación de la correa en las prácticas que realizamos. Independientemente de si su metodología está más o menos cercana al trabajo en positivo.
Según parece, en la versión anterior de la explicación de esta técnica no quedaban las cosas suficientemente claras, y he optado por reconstruir el artículo nuevamente. Quizás la edición de un video acaba de exponerlo suficientemente como para que se pueda practicar correctamente por cualquier persona.
En el artículo se expone la metodología básica de entrenamiento para conseguir que nuestro perro ande con nosotros sin tirar, aplicable a cualquiera de ellos.
Problemáticas específicas del animal pueden dificultar o modificar la práctica en momentos determinados del proceso, por eso es una metodología básica, para una gran mayoría de perros, y muy importante, totalmente aplicable en cachorros a partir de 2 meses, lo que mejora la etapa de socialización, convirtiéndose en un hábito interesante antes de salir a la calle con toda la inmunidad necesaria.
En estos casos puede ejercitarse en casa, o en un prado apartado de zonas urbanas, en cortos y continuados espacios de tiempo.
La explicación de esta técnica se conforma mediante la aplicación de las premisas del condicionamiento operante o instrumental, teniendo como primer criterio caminar por detrás del guía, y utilizando R+ (refuerzo positivo) tanto de forma continua, como intermitente (pedacitos de comida cuando se presenta el criterio), C - (castigo negativo) de mínima intensidad de forma contínua (girando en U-retirando el refuerzo de la atención a lo que está haciendo el perro), moldeamiento de la posición cuando hayamos conseguido el primer criterio (haciendo que en lugar de caminar por detrás, como segundo criterio, camine al lado), y generalización en ambas etapas.
La ejecución del “timming” adecuado, ya sea aportando el refuerzo apetitoso, como ejerciendo la acción de corrección (el giro en U), es de exactitud primordial, como en todos los programas de condicionamiento.
Por tanto, estaremos todo el entrenamiento trabajando, ya sea reforzando, girando, o hablando al perro para no perder la atención del mismo (no mirando hacia adelante, cuidado con los obstáculos).
Entonces:
1. Primer criterio: Caminar por detrás de nosotros
a. Si se adelanta, aplicamos C- (giramos)
b. Si camina por detrás, aplicamos R+ (comida)
2. Generalizamos en diferentes situaciones
3. Segundo criterio: Caminar junto a nosotros
a. Si se cumple, aplicamos R+ .
b. Si no se cumple, no aplicamos nada
4. Generalizamos en diferentes situaciones
Recomiendo revisar las definiciones de los términos técnicos que se resaltan en negrita anteriormente, para su mejor comprensión.
¿Por qué funciona?
Porque el perro pierde la posibilidad de controlar el paseo, mediante el cual recibe mucha información olfativa, guiado por él mismo, y le ofrecemos a cambio la posibilidad de ser continuamente reforzado, guiándolo nosotros.
A base de entrenamiento y generalización obtendremos esta conducta como habitual.
¿Qué hacemos con la correa?
La aplicación de esta técnica permite SIEMPRE dejar de utilizar la correa (aunque la tengamos en la mano) en la práctica del ejercicio, independientemente del collar que utilice el perro. Y si se ejecuta correctamente, independientemente del tamaño del perro o la fuerza física del guía.
La correa únicamente se manipula para evitar que el perro se aleje de nosotros y interrumpa el ejercicio. Eventualmente, para evitar que el perro “adhiera” su nariz al suelo. Para nada más.
Por descontado, el mejor modelo de correa es el llamado “de adiestramiento”, o “ramal de policía”. Tienen alrededor de 1,80 m., mosquetones en las puntas, y anillas en la parte intermedia.
¿Y el collar?
Por definición en un alto porcentaje de perros, es totalmente indistinto cuál utilizar. Por el bienestar del animal, desecharemos todos los collares metálicos, tanto de púas, como estranguladores con o sin tope. No son necesarios.
Tanto en los casos en los que:
a. el perro sea capaz de sacarse de la cabeza el collar fijo (por seguridad)
b. los que el perro camina con la nariz “adherida al suelo” (por falta de atención)
c. aquellos que han sido trabajados habitualmente con collar metálico (por insensibilidad),
se recomienda el collar de ronzal (Halti, Gentle Leader, etc.).
En caso de necesitar utilizar este tipo de collar, busquemos información sobre el proceso correcto para desensibilizar al perro a su uso, lo cual no es fácil en algunos casos.
¿Qué más necesito?
Sólo dos cosas:
1.- Comida. Las porciones se han de poder partir en pequeñísimos trozos (para conseguir un aumento de atención). Muchas personas se empeñan en utilizar para esto galletas o premios comerciales, y a menudo no son fáciles de partir. Si el perro se vuelve loco con ellas y las podemos dosificar, perfecto. En caso contrario, utilizaremos Frankfurt, que el único impedimento que tiene es que nos ensucia las manos. En realidad es lo más adecuado. No he visto casi ningún perro que no se vuelva loco con los Frankfurt. Y para motivar, debemos trabajar con lo más apetecible.
2.- Un estado mental correcto. Paciencia, amor, comprensión, ganas de aprender, y el convencimiento de que si el perro no logra hacerlo mejor es porque no se lo sabemos explicar mejor, no porque sea tonto. Esto es más importante de lo que parece y podría ser tema de otro artículo. De no llevar esta “herramienta encima”, dejémoslo para otro día.
El olfato
Un estímulo primario que lleva al perro a tirar de nosotros, en un gran número de casos, es el olfato, especialmente en perros jóvenes. Aunque como en todo, nada sucede por un sólo motivo. La entrada de información a su cerebro mediante este sentido es tan masiva, enriquecedora y estimulante, que refuerza suficientemente este comportamiento, a pesar de que a veces el dueño pueda inflingir castigo para solucionarlo. Aprenden a “tirar del dueño” cuando detectan un olor interesante.
La relación social
En los documentales de la televisión podemos observar que la relación entre los perros y las personas en los países con menor desarrollo social y económico es diferente que en las sociedades modernas y “avanzadas”. En esos documentales no vemos perros que tiran de los dueños, y cuando salimos a la calle en nuestra ciudad, lo comprobamos en muchos casos. Antiguamente, los perros no tiraban. Hace varias generaciones, no lo hacían.
¿Qué ha cambiado? Evidentemente, la relación social. Lo vemos habitualmente en casa de nuestros clientes. Los perros que más tiran son los más incorrectamente vinculados en la jerarquía familiar, en un gran número de casos. El factor “peluche” (creo que todos saben a qué me refiero), predominante en la sociedad moderna, es la antítesis del perro “herramienta de trabajo” de la antigüedad o de las culturas con menor desarrollo en este sentido.
Existe un equilibrio entre los dos lados del péndulo. Un equilibrio muy personal, que debemos saber encontrar. Seguramente, el ideal es una amorosa vinculación correcta, basada en la confianza y en el trabajo, no en el amor incondicional.
Condiciones de las sesiones
En un lugar exento de estímulos (nuestra casa, jardín, parque, cochera, nuestra calle, etc.), en horas de baja afluencia de gente, podremos iniciar el entrenamiento. No necesitamos más de 5 minutos al principio, quizás durante las primeras 5-8 sesiones. Podemos alargar 5 minutos más en el futuro, pero no mucho más. La valoración sobre cuándo tenemos que acabar la práctica es la descendiente motivación del animal. Hemos de acabar con un alto grado de emoción, no con hastío. Por eso para cada perro es diferente la duración de la sesión. Cuando consigamos el 100% de perfección en este lugar, comienza un proceso común para cualquier acción que el enseñemos al perro, que se denomina Generalización.
Hemos de aumentar gradualmente la dificultad, para expresarlo fácilmente. Deberemos entrenar a otra hora con más estímulos, y en el mismo sitio al principio hasta que consigamos similar nivel de ejecución. Posteriormente en otro sitio con poco estímulo. Posteriormente en el mismo segundo sitio con más distracción, y así consecutivamente hasta lograr generalizar la acción en cualquier situación.
Siempre entrenando nivel a nivel hasta conseguir la misma perfección que en el primer lugar donde empezamos a entrenar, antes de aumentarlo. Y si tenemos dificultades, seguramente lo habremos hecho precipitadamente, por lo que deberemos bajar un paso y seguir practicando un poco más sencillo.
Desarrollemos la técnica
Observemos en el gráfico la posición roja, la del guía a punto de iniciar la marcha en el sentido de la flecha, hacia adelante. La idea es que, mientras el perro, simbolizado por el cuadrado azul, se mantenga en el área morada (zona de refuerzo) al caminar, aportaremos la comida continuamente al principio, e intermitentemente después, con el paso de las repeticiones y la ejecución correcta de la práctica. Cuando el perro sale de la zona de refuerzo por arriba (nos adelanta, flecha verde superior), giramos en redondo sobre nuestra derecha, y lo llamamos (para no tirar de la correa), ofreciéndole la comida y aportándosela cuando llega a la zona de refuerzo.
Haber girado a la derecha, hace que el perro nuevamente se halle en la zona de refuerzo. Al alejarnos de él llamándolo, lo posicionamos por detrás nuestro, provocando colocarlo de nuevo en la zona morada y permitiendo que tenga acceso a la comida. Si el perro se retrasase aún más que la zona de refuerzo (flecha verde inferior), lo llamamos y le ofrecemos comida… y se la proporcionamos cuando se adelante entrando en la zona morada. No es habitual que el perro se retrase, excepto si la práctica la realiza alguien que no es el dueño, por falta de confianza, en animales temerosos.
Por tanto, hay dos acciones: reforzar o girar. Constantemente hemos de aplicar una u otra dependiendo de la situación: si está en zona morada, o sale de ella por arriba. A partir de aquí, el éxito está en el timming. En el momento adecuado en el que aplicamos una u otra acción. Si somos exactos, bastarán pocas repeticiones para conseguirlo.
Consideraciones
Cuando hablamos de “Giro en U” no es una amplia curva, es volver sobre nuestros pasos. Eso posiciona al perro correctamente. Una de ellas, es que hemos de luchar contra el desinterés del animal. De hecho, hemos de modular la aportación de comida generando un pequeño grado de frustración o ansiedad por conseguirla, y así lograr una alta atención. Otra, que no debemos parar, ni cuando reforcemos, ni cuando se nos cae un trozo de Frankfurt al suelo y el perro decide cogerlo. De hecho, hemos de luchar contra ello, porque llevaría al pero de nuevo a adherir la nariz al suelo, buscándolo. Ni parar, ni dejar oler.
En perros resistentes en este punto vamos a necesitar colocar el collar de ronzal, como se detalla arriba. Otra, que debemos empezar llevando al perro por detrás de nosotros, no junto a nosotros. Para el perro es una posición más fácil y natural, y trabaja la vinculación social (también tema de otro artículo, seguro). Hacerlo de esta forma nos facilita muchísimo la practica.
Una vez lo hayamos conseguido y lo hayamos fijado bien con suficientes repeticiones, será muy fácil hacer que adelante unos centímetros su posición, ofreciendo la recompensa un poco más adelante. Ya corregiremos fácilmente la posición cuando el ejercicio se ejecute perfectamente, mediante el shaping (moldeamiento).
Conclusiones
Como se comprueba, la importancia de la correa y el collar en este planteamiento es inexistente, siendo la técnica adecuada en la educación en positivo para este ejercicio. En perros acostumbrados a otro tipo de acciones de corrección, se presenta resistencia en las primeras sesiones, pero en 3 o 4 repeticiones se suele solucionar.
Como se detalla, la premisa inicial más importante es la atención. Tengamos en cuenta que, aunque es un ejercicio de control suave, muchos perros se niegan a ejercitar cosas nuevas, especialmente en aquellos sobre los que no se ha tenido demasiado control en el pasado, porque se les restringe la capacidad de decidir por ellos mismos. Una forma de manifestar esta negación muy común, es ignorar completamente las opciones que se le están presentando. Es decir, pudiera ser que al principio tuviera “especialmente” menor atención. Este comportamiento desaparecerá normalmente a la 3ª o 4ª práctica. Puede manifestarse comúnmente, tanto en no querer mirar al guía, como en volcarse a oler el suelo constantemente.
Cualquier duda referente a la aplicación de este ejercicio, o impedimentos para conseguirlo, pueden referírmelos en el formulario de contacto que se encuentra en www.capitancan.com
Ernest Belchi 20/12/2009
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