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TECNICA DEL GIRO EN “U” PARA QUE EL PERRO NO TIRE DE LA CORREA

26 Mayo 2009 Sin Comentarios

 

packwalkboxersgreatpyrenees4dogsheeling3           Ernest Belchi’2007

Antes de nada: Regla de Oro Nº 1. Para que el perro no tire de la correa, la correa no debe tensarse nunca más.

Esto, que puede parecer una perogrullada, simplifica las cosas al máximo. Y la simplicidad muchas veces es la clave.

Obligatoriamente, debemos trabajar con correas mayores de un metro, para dejar clara la nula tensión de la misma. Con una correa corta, no podemos asegurar una correcta destension continua.

Cuando sintamos tensión de la correa, por siempre, automáticamente, en cualquier momento, acercaremos el perro a nosotros lo suficiente para que la correa se destense de nuevo.

No daremos un tirón al perro. Lo acercaremos a nosotros. Lo que importa es que no se vuelva a repetir la sensación, para el perro, de que tira de nosotros y la correa se mantiene tensada.

La tensión de la correa apoyándose en el collar lesiona la tráquea y provoca instintivamente agarrotamiento muscular general y empuje instintivo en la dirección opuesta (es decir, hacia delante).

Debemos grabar en nuestros cerebros la imagen de que cuando se tensa la correa, acercamos al perro a nosotros para destensar (siempre, en todo momento y en cualquier situación), y esto con el tiempo acaba sucediendo automáticamente. Reitero la importancia de lo siguiente: Dejo claro que no es un tirón, sólo acercamos el perro a nosotros el espacio justo para hacer que la correa destense, tantas veces como haga falta.

Es hacer contrastar la diferencia de sensación corporal (para el perro), entre estar tirando de la correa (agarrotamiento, empuje, vinculación psicológica – somos dos contra el mundo), y estar con la correa destensada (no hay sensibilidad en ningún lugar de su cuerpo, psicológicamente, lo que hago y pasa, me pasa a mí sólo).

Por tanto, empezamos suprimiendo dos importantes elemento condicionante: a nivel físico, la sensación corporal general de tensión, a nivel psicológico, la sensación de grupo o dúo (implicaciones como defensa-protección de espacios y de competencia grupal).

Ésta deberá ser una premisa seguir por siempre, si queremos hacer de nuestro perro un animal que no tira de la correa.

Habitualmente, lo que ocurre es que esto no se puede empezar a intentar en muchos casos de buenas a primeras, sin antes conseguir enseñarle a que empiece a retenerse caminando con la correa destensada.

Si mantuviésemos siempre esta idea en la cabeza, el perro no tiraría nunca, en ninguna situación. Simplemente se acostumbraría a mantenerse en el lugar más largo de la correa, sin tirar, porque sabe que a partir de ese punto le vuelven a acercar.

Ahora bien, igual deseamos enseñarle a que camine junto a nosotros, en una posición determinada, y con unas “reglas” (criterios) que desarrollaremos.

Concepto “Giro en U”

La idea es bien sencilla. Si tú tiras de la correa, yo giro, volviendo sobre mis pasos. Tantas veces como haga falta.

Mi primer criterio es que andes por detrás de mí.

Con este movimiento simple de giro, adquirimos una gran serie de recursos que nos facilitan el trabajo enormemente: aumentamos motivación (interés por la recompensa), evitando la distracción en gran medida.

Creamos la situación que permite reforzar, y es ideal para los perros que tiran de la correa fuertemente, incluso para potenciar la atención hacia nosotros.

Existen varias premisas básicas e importantes, que se deben cumplir “a rajatabla”:

  • No importa el collar, porque no se manipula la correa (nunca tira, siempre destensada). Sirve cualquier elemento: halti o ronzal, fijo, dinámico, petral, cualquiera… sencillamente, la correa y el collar nada más existen para que el perro nos siga, para que no escape.
  • La correa debe ser medianamente larga. Yo utilizo siempre que puedo las de “adiestramiento” (correa de 1,80 o 2 mtrs., con mosquetones en las dos puntas, y diferentes anillas en el centro), creo que todos las conocemos. Un buen largo de correa nos proporciona más espacio para parar y esperarlo cuando giramos. Disponemos de más espacio para movernos sin tener que manipular la correa.
  • El escenario, con las menores distracciones posibles, hora tranquila, lugar tranquilo. Tiempo de la actividad, unos 10 minutos máximo (la regla es: dejarlo cuando empiece a bajar la motivación, después de unos ejercicios conocidos y profusamente reforzados).
  • La tensión de la correa, siempre nula (excepto en algunos poquísimos momentos, que explicaremos).
  • No debemos parar cuando vamos en línea recta (el perro no puede decidir pararse a oler, rascarse, o lo que sea). Únicamente podemos parar brevemente (unos pocos segundos) en el momento de efectuar el giro sobre nuestros pasos, mientras intentamos convencer al perro, con la voz y mostrándole el refuerzo (señales gestuales y auditivas), de que nos siga. Si aún así no lo hace, empezaremos a andar llevándonos con nosotros al perro, ofreciéndole la recompensa (fijando la posición retrasada), para que ande más deprisa y así se destense sola la correa nuevamente, animando continuamente con la voz.
  • Nunca damos refuerzo si el perro no está por detrás de nosotros, ni al lado, ni por delante.

Explicación de la técnica: Si tú tiras, vas delante. Si yo giro 180 grados, te quedas detrás.

Esta simplicidad me permite premiar con comida esta posición mientras camino después de girar en U (el perro está atrasado), proporcionando pequeños pedacitos de comida continuamente mientras se mantenga detrás.

Si me adelanta, giro de nuevo, creando el criterio, y reforzando hasta que me adelante otra vez, lo que provoca que gire de nuevo y siga reforzando… y así en un ciclo continuo. Todo ello, manteniendo al perro caminando por la izquierda, que es el único lugar por el que refuerzo.

La “meta mental” no debe ser “caminar paralelo a mi pierna”, al menos no por el momento, ha de ser “camina atrás de mí” (ese comportamiento es el que reforzaremos).

Cuando ya no tire de la correa en posteriores repeticiones, moldearemos una posición más exacta (con las patas delanteras en paralelo a nuestras piernas). Eso es muy sencillo modificando el lugar en el cual recibe el refuerzo, más adelante.

Por tanto, continuamente deberemos reforzar (si el perro está en la posición correcta), o bien girar, para provocar esa situación (al girar, el perro queda tras nosotros). Todo ello mientras caminamos sin dar al perro la opción de pararnos.

¿Por qué extingue el comportamiento de tirar de nosotros? ¿Por qué funciona?

1.- Supresión del condicionante: Sensación corporal totalmente diferenciada al no poder ejercer presión hacia delante, tirando de la correa. Se suprime la sensación (elemento condicionante) de tirar, por tanto la situación es nueva (está abierto a comprenderla y a adaptarse a ella).

2.- Aversivo sutil: La frustración de no poder ir donde quiere. El control de decidir nosotros el camino (aumento del valor jerárquico del guía, al no permitir que el perro controle la trayectoria, ni pararse).

Otra explicación más operante, igualmente válida: Sobrepasar nuestra pierna al caminar hacia adelante tiene el resultado final de un giro, por tanto (refuerzo negativo), de no poder ir en la dirección que el perro escoge (ayuda a la extinción, no se auto-refuerza porque no consigue un resultado beneficioso para el perro, llevarnos donde él decide).

3.- Refuerzo positivo: Asociar la ingesta de refuerzo a la posición correcta (mantenerse atrás). No hacen falta mayores explicaciones. Sólo hay que repasar el condicionamiento operante. Es lógico entender que la recompensa permite y potencia que se repita esa situación, que es la que permite conseguir el premio.

Muchas veces, la imposibilidad de entregar refuerzos en perros que estiran continuamente no nos permite iniciar la actividad con éxito (pasamos unos primeros diez minutos muy malos).

Girar en U nos permite decidir a nosotros el instante en que el perro quedará

en una posición susceptible de poder ser reforzado.

El detalle de la actividad

Nos situaremos parados y con el perro en la izquierda. Si queremos, le damos una orden verbal en el momento de empezar a caminar, pero esto es optativo. Funciona igual aunque no digamos absolutamente nada en ningún momento.

Él tira inmediatamente, por lo tanto, giramos 180 grados y esperamos brevemente a que nos siga, llamándolo con la voz, sin tensar la correa.

En todo caso, este momento podría ser el único en que la correa se tensa, para llevarlo con nosotros, si se niega a andar… debemos aguantarla para que pare, nos mire y nos siga, girando.

Cuando sintamos en la mano que ha parado y no sigue tirando, dejamos ir un poco de correa para buscar la destensión de la misma, llamándolo y enseñando la recompensa. Cuando empieza a andar hacia nosotros empezamos a andar también hacia adelante, y le ofrecemos la recompensa mientras andamos, y antes de que nos rebase.

La cogerá, y seguramente volverá a estirar, la primera vez. Tal vez la segunda también. Repetimos el proceso tantas veces como haga falta. O reforzamos o giramos, una vez tras otra, continuamente.

Recordemos que el momento de girar en U nos lo marca el perro al rebasarnos, por tanto, el giro es una consecuencia de un comportamiento, y evitar ese comportamiento evita que se tenga que girar.

Repetiremos el ejercicio continuamente, y si una tercera persona fuera capaz de ir contando los pasos (o los segundos) que andamos en línea recta entre dos giros, valoraríamos los rápidos avances, repetición tras repetición.

Observaríamos que cada vez podemos andar más metros en línea recta sin tener que girar en U.

Evidentemente, hemos de ir reforzando continuamente mientras el perro esté detrás, mientras caminamos sin apenas parar, y dejaremos de reforzar justo antes que nos empiece a rebasar.

Al principio, para el guía resulta ciertamente mareante, porque no puede mirar demasiado hacia delante, y ha de vigilar continuamente le perro, bien para reforzar, bien para encontrar el momento justo (timing) de girar.

Debemos controlar todos los movimientos del perro y reaccionar ágilmente girando en U o reforzando, dependiendo de la situación. Podría ser que nos sintiésemos mareados en algún momento. Por tanto, elegid un lugar amplio y sin obstáculos. Os lo dice alguien que algunas veces ha estado a punto de golpearse en alguna farola mientras hace esto.

La práctica continuada

Repetición a repetición, empezaremos a notar avances si los valoramos como he explicado.

Enseguida notaremos que el perro asocia que si se mantiene por detrás de nosotros, recibe recompensas continuamente.

Es una idea similar a cuando trabajamos la inmovilidad con comida. “Mientras no me mueva, me recompensan, por tanto, mejor no me muevo”. Es el momento de intentar alargar un poco el espacio entre recompensas.

Y entonces podemos incluir otro concepto:

Generar atención. En todo este proceso, veremos que cuando el perro empieza a entender la actividad, nos mira más a menudo. Debemos de entender esta señal como si nos estuviera pidiendo el refuerzo.

Reforzar cuando nos mira, tantas veces como lo haga, y conseguiremos atención en la actividad. Retrasaremos la dispersión, evitaremos la distracción, y generaremos interés en el refuerzo. Por tanto, debemos tener continua atencional perro para reforzar cuando nos mira y está caminando atrasado, especialmente. Moldearemos su interés en la orden y jugaremos con el tiempo entre refuerzos.

Moldeando y Generalizando

Mantenemos esta práctica unos 5-10 minutos diarios (antes de la dispersión por distracción) y repetimos la actividad al día siguiente, a la misma hora, en el mismo sitio.

El tiempo de duración de la sesión, realmente lo marca la madurez del animal, entre otros aspectos. Digo esto, porque este sistema se puede aplicar de la misma forma con un cachorro de 2 meses, o un adulto de 12 años. Evidentemente, la capacidad de concentración (el tiempo de atención) es variable respecto a la edad y maduración.

Hemos de ser especialmente sensibles para valorar su motivación constantemente, y acabar la sesión con un ejercicio fácil y muy recompensado.

Con el tiempo y las repeticiones, podremos alargar el tiempo en que podemos hacer esta práctica.

Cuando ya camine habitualmente sin tirar, junto a nosotros, alargaremos los espacios de recompensa sólo para elementos que deseemos moldear especialmente, como caminar exactamente en una posición, su atención constante, lo que deseemos.

Cuando ya lleve un tiempo ejerciendo la actividad a la perfección (en lo posible, y dependiendo de nuestro grado de exigencia en ello), podemos empezar a generalizar lugares y situaciones.

Para conseguirlo, deberemos volver atrás en la complicación de los criterios de la práctica, y conseguir el mismo resultado, repetición tras repetición, en otros sitios en los que aumentará su posibilidad de distracción de forma gradual.

Variaremos horarios, variaremos duración de la sesión, variaremos distracciones, e incluso variaremos la persona que lo guía. Todo esto hará más sólido el aprendizaje.

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PD.: Agradeceré cualquier consulta, aclaración, o comentario sobre la técnica en el formulario de contacto

 

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